Ofrenda voluntaria de corazón
Por: Martha Tarazona
De lo recibido de tu mano te damos
La parashá Terumáh significa ofrenda, se encuentre en Éxodo 25, 26 y 27 y muestra como HaShem le da instrucciones precisas a Moisés sobre las ofrendas que debía dar el pueblo para la construcción del santuario y debía hacer todo conforme lo que HaShem le mostrara, el diseño del tabernáculo y el diseño de todos los utensilios [Ex. 25:9].
Entre el diseño, estaba el arca de madera de acacia, el propiciatorio de oro fino, los dos querubines, la mesa de madera de acacia y sobre ella el pan de la proposición, platos, cucharas, cubiertas y sus tazones de oro fino, el candelero de oro puro, las cortinas de lino torcido azul, púrpura y carmesí, cortinas de pelo de cabra, cubiertas de pelo de carnero teñidas de rojo y la cubierta de pieles de tejones (el tejón es un mamífero carnívoro).
También, las tablas de madera de acacia, velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido, altar de madera de acacia, calderos para recoger la ceniza, cuernos cubiertos de bronce, enrejado de bronce, varas para el altar, varas de madera de acacia, cubiertas de bronce, atrio del tabernáculo, utensilios del tabernáculo y todas sus estacas de bronce.
Los materiales seleccionados para la construcción fueron madera de acacia (la cual es de excelente calidad), oro, cobre, bronce, piedras y telas finas como el lino la cual es una fibra natural de alta calidad, es decir que todos los materiales eran los más finos, y era el pueblo el que debía dar ofrenda para la compra de éstos, como está escrito:
“HaShem habló a Moisés, diciendo: Di a los hijos de Israel que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda. Esta es la ofrenda que tomaréis de ellos: oro, plata, cobre, azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, piedras de ónice, y piedras de engaste para el efod y para el pectoral. Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos. [Éx. 25:1-7].
Si HaShem dio la instrucción a Moisés de que el pueblo ofrendara, era porque el pueblo tenía que dar, primero porque HaShem es quien da, y de lo que Él nos da, podemos dar.
“Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” [1 Co. 4:7].
Rashí dice que el pueblo tiene que estar consciente que la religión exige bastante, más que una profesión de fe, puramente platónica, o aún una actitud moral y ética hacia el prójimo, ésta exige una devoción total a HaShem y la forma más elemental es la contribución material suministrada por cada miembro de la nación “en honor a HaShem”. [1].
No se trata de una donación, en el sentido ordinario de la palabra. ¿Pues podemos acaso darle a Él, a quien pertenece todo?, también no está dicho: Venaténu: que ellos den, sino veyikjú: que tomen, es decir, que perciban un tributo sobre lo que HaShem les ha dado. [1].
“Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos” [1 Crón. 29:14].
Rashí explica que esta contribución no tiene el carácter de un impuesto, es voluntaria y constituye el prototipo de la generosidad judía. También, la palabra Terumáh está repetida tres veces y hace alusión a tres diferentes tributos.
- El primero se refiere a la ofrenda de un béka (5.7 gramos) de plata por persona, destinado a la construcción de los pedestales de plata, cimientos del tabernáculo.
- El segundo, del mismo tamaño, servirá para la compra de los sacrificios ofrecidos en nombre de la comunidad.
- El tercero, la ofrenda para el tabernáculo, dejada a la generosidad de cada uno.
Es decir, los dos primeros tributos tienen un carácter obligatorio, igual para los ricos que para los pobres y representan la base material y espiritual y el tercer tributo es para el embellecimiento, su pompa, el realce de su esplendor, tanto en el interior como en el exterior y esto se deja a la generosidad de cada persona. [1].
En el reinado de Joás de Judá, éste ordenó que el dinero que llevaba el pueblo fuera destinado para reparar las grietas del templo de HaShem, para pagar carpinteros, maestros, albañiles, canteros y para la compra de los materiales necesarios para reparar la casa. Además, no tenían que dar cuenta de la administración del dinero ya que lo hacían fielmente. [2 Rey. 12].
En este versículo se puede ver que una comunidad tiene gastos que los debe suplir los miembros que la conforman.
También Pablo, habla a la iglesia de los Filipenses, que ellos fueron los únicos en dar varias veces para sus necesidades cuando él estaba en Tesalónica y Pablo les dijo:
“No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta, también lo que la iglesia envió fue un olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Yeshúa HaMashiaj” [Fil. 4:10-19].
Pablo, claramente dice a los Filipenses, que, por el hecho de ellos ofrendar para las necesidades del evangelista, el fruto abunde a su cuenta, es decir que el fruto de la predicación, las almas ganadas para el Señor, son también tenidas en cuenta para quien ha ofrendado y esto es hacer tesoros en los cielos.
Pablo, habla a la iglesia de Corinto, sobre la necesidad de la ofrenda para los siervos de HaShem:
“Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Yeshúa. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” [1Co. 9:11-14].
Es justo ofrendar para los siervos de HaShem que se dedican a los negocios del padre.
Pablo habla a Timoteo, sobre las ofrendas para los que predican y enseñan la palabra:
“Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario” [1 Tim. 5:17-18].
Amigo lector, más bienaventurado es dar que recibir [Hec. 20:35] y ser amados por HaShem porque damos con alegría [2 Co.9:7], el que gana almas es sabio [Prov. 11:30], y que el da para la obra del Señor recibe el fruto de la predicación, le es abonado a su cuenta por haber ofrendado. Que podamos dar una ofrenda voluntaria de corazón para que el Señor añada los que han de ser salvos, en el nombre de Yeshúa HaMashiaj.
Shavua Tov.
Referencias
[1] Munk, E. (2001). La voz de la Torah. Comentario del pentateuco. Edición original en francés. Fundación Samuel y Odette Levy. Paris.
Martha Patricia Tarazona Díaz. Ph.D.
Miembro de la comunidad Yovel, Dra. Ingeniería de Alimentos. “Nada tenemos que no hayamos recibido” [1 Cor. 4:7]


Martha Patricia Tarazona Díaz. Ph.D.