El beso de Hashem
Por: Moshé Hernandez
“Entonces Aharón el cohen subió al monte Hor por la boca de HASHEM y murió allí, en el año cuarenta después de que los Hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto” (Nm 33:38).
En el vasto entramado de la Torá, las transiciones y los finales de los grandes líderes no son meros datos históricos, sino portales a una comprensión más profunda de la intimidad divina. Al detenernos en Números 33:38, la crónica del ascenso y fallecimiento de Aarón HaKohen en el Monte Hor revela una ternura que desafía la rigidez de la mortalidad ordinaria. Rashi, con su agudeza característica, nos revela en su comentario que la partida del Sumo Sacerdote no ocurrió bajo el peso de la decadencia física ni el rigor del juicio, sino «por la boca de HASHEM»—mediante el místico y supremo Mitat Neshiqáh, el beso divino. Este artículo se adentra en el significado de ese abrazo final, explorando cómo, bajo la lente de Rashi, la muerte de los justos se transforma en el acto de amor más puro y definitivo entre el Creador y Su servidor, recordándonos que el servicio sagrado no concluye en la tierra, sino que se eleva en un suspiro de eterna comunión.
¿Qué es el beso de HASHEM?
Rashi comenta sobre la expresión “עַל־פִּי ה’”, por la boca de HASHEM, que «esto nos enseña que él murió por medio de un beso», es decir, “la muerte por medio de un beso”, como se menciona también en Números 20:1 con respecto a la muerte de su hermana Miriam, “וַתָּמׇת שָׁם מִרְי֔ם”, y murió Miriam allí, que “ella también, al igual que Moisés y Aarón, murió por un beso divino”. La expresión «muerte por un beso de Di-s» significa morir directamente a través de Di-s, sin la intermediación del Ángel de la Muerte (véase Bava Batra 17a; Rabbeinu Bachye). Alternativamente, significa que el alma se une a la santidad de la Shejináh (presencia inmanente de Dios; véase Moreh Nevuchim 3:51). El Talmud (Berajot 8a) describe esta como la forma más deseable de muerte, comparándola con extraer un cardo de la leche; es decir, el alma abandona el cuerpo sin resistencia. Rabí Tzadok HaKohen explica que, en la medida en que las personas pecan en vida y establecen un vínculo entre sus almas y los placeres de este mundo, les resulta cada vez más difícil separarse de la vida física. Para aquellos que se apegan totalmente a lo físico, los Sabios comparan la muerte con arrancar cardos incrustados de la lana de oveja. Pero para aquellos de la talla de Moisés, Aharón y Miriam, cuyas almas permanecieron puras durante toda su estancia en la tierra, no hay esfuerzo, ni arrepentimiento, ni dolor cuando el alma se reúne con su origen (Resisei Laylah 56).
¿Qué significa un beso de HASHEM?
En Cantar de los Cantares (1:2), el pueblo judío clama: «Yishaqeni mineshiqot pihu — Que [Hashem] me bese con los besos de su boca». Rashi explica que esto se refiere a la revelación en el Monte Sinaí, cuando HASHEM habló directamente al pueblo judío y les entregó la Toráh. Habiendo experimentado esa cercanía incomparable con HASHEM, el pueblo judío anhela restablecer esa conexión y la comprensión más profunda de la Toráh que conlleva.
Un beso representa una profunda conexión con HASHEM. Pero Rashi explica aún más: Cantar de los Cantares habla de un beso de la boca de HASHEM a la nuestra, como el de un novio y una novia. La boca se asocia con el aliento, y el aliento es vida. Tal beso expresa la unión de la vida misma, el vínculo más profundo posible, donde dos individuos se convierten en uno (Mintz, 2026).
Anhelando el beso de HASHEM
Nuestras sociedades suelen ver la muerte como un aspecto temible y supersticioso, al punto de verla como si no hiciera parte de nuestro propio ciclo en este mundo, sin embargo, la visión judía contempla que la muerte es solamente una transformación de la existencia, es un paso para la verdadera vida en el Mundo Venidero, por lo cual anhelar morir como lo hicieron los grandes tsadiqim de antaño (Bava Batra 17a) no es un castigo sino una recompensa. El secreto está en hacer las cosas como Moshé las hizo: “עַל־פִּי ה’”, que es lo que leemos en Números 33:2 “וַיִּכְתֹּב מֹשֶׁה אֶת־מוֹצָאֵיהֶם לְמַסְעֵיהֶם עַל־פִּי ה’”, Moshé escribió las salidas de sus viajes conforme al mandato de HASHEM. De aquí aprendemos que hacer las cosas de acuerdo con la “boca de HASHEM” nos permitirá ameritar una muerte por “la boca de HASHEM”, es decir, «si uno vive su vida según la palabra de Di-s (עַל־פִּי ה’), entonces puede aspirar a merecer partir de este mundo por la boca de Di-s (עַל־פִּי ה’), ¡con un beso divino!» (Lam, 2019).
Anhelar el místico beso de HASHEM en el ocaso de la vida no es un deseo pasivo que se cultiva en el vacío, sino la consecuencia natural de una existencia volcada por completo hacia Su instrucción. Ese suspiro final, que funde el alma con la eternidad, no es un premio arbitrario, sino el eco perfecto de una cotidianidad vivida en sintonía con la Torá; cada mandamiento cumplido, cada instante de disciplina y amor hacia Sus preceptos actúan como un sutil acercamiento en la tierra, acortando la distancia entre lo humano y lo divino. Quien camina de conformidad con la instrucción del Creador no teme a la disolución, pues comprende que vivir bajo Su voluntad es el discipulado diario que prepara al alma para ese abrazo definitivo, transformando el último aliento no en una pérdida, sino en el reencuentro más esperado con la Fuente de toda vida.
¿Qué nos dice la Brit Jadashá al respecto?
En Timoteos Bet (2 Ti) 4:7-8, Rab Shaúl reflexiona sobre el final de su vida terrenal. Al igual que el comentario sobre Aharón, él no ve su partida con temor, sino como la culminación natural de haber seguido la instrucción: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, que el Señor, el Juez justo, me otorgará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que anhelan su venida”. De aquí aprendemos que guardar la fe y acabar la carrera representan vivir de conformidad con la instrucción. El premio final (la corona y el encuentro con el Señor) equivale espiritualmente a ese anhelado abrazo o «beso» de comunión eterna.
Además, también en Filipim (Flp) 1:21-23, encontramos la expresión más pura del anhelo por esa unión definitiva, un paralelo directo al deseo del Mitat Neshiqáh (la muerte por el beso divino): “Para mí, vivir es el Mesías y morir es ganancia. Pero si seguir viviendo en el cuerpo significa el fruto de mi trabajo, ¿qué elegiré? No lo sé. Estoy dividido entre las dos opciones: tengo el deseo de partir y estar con el Mesías, lo cual es mucho mejor”, en otras palabras, para quien ha vivido consagrado a la voluntad divina, la muerte deja de ser un castigo o un enemigo temible y se convierte en «ganancia»; un paso hacia una intimidad «muchísimo mejor» con el Creador.
El propio Mesías Yeshua conecta de forma explícita la obediencia a Sus mandamientos con la intimidad y la presencia divina en Yojanan (Jn) 14:21-23: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama. El que me ama será amado por mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él. …Si alguno me ama, guardará mi palabra. Mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él”. Esto significa que la instrucción (guardar la palabra) es la expresión máxima de amor. El resultado de esa obediencia es que la Presencia Divina (Shejináh) hace morada en la persona, preparando el alma para que el desenlace de la vida sea una transición de amor puro, una fusión completa con Di-s.
Finalmente, Romim (Ro) 8:10-11 nos muestra cómo vivir alineados a la instrucción espiritual transforma nuestra perspectiva de la mortalidad: “Pero si el Mesías está en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, el Espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Rúaj de aquel que resucitó a Yeshúa de entre los muertos mora en ustedes, aquel que resucitó al Mesías Yeshúa de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de Su Rúaj que mora en ustedes”. De esta manera entendemos que vivir en «justicia» (de acuerdo con la Toráh y la fe) debilita el aguijón de la muerte física. La transición no es una caída en el abismo, sino la activación de la vida eterna que ya habitaba en el creyente a través del Espíritu, un retorno directo al aliento original del Creador, el beso de HASHEM.
REFERENCIAS
Lam, L. (2019, August 01). A Divine Kiss – Parshas Masei. Torah.org. https://torah.org/torah-portion/dvartorah-5779-masei/
Mintz, Ch. (2026, July 03). What is the kiss of death? – Jewish Resources. Torah Mates. https://www.torahmates.org/jewish-resources/what-is-the-kiss-of-death/
Moshé Hernández
Esposo de Lulú. Psicólogo (Konrad Lorenz). Máster en Estudios Judaicos (Universidad Hebraica de México). Gabai y Moréh (Kehilat Yovel). Moréh de Hebreo Bíblico (Ulpan Yovel). Estudiante de LSC.


Moshé Hernández