¿Puedo orar por ti?

Por Familia Barrios Lara

«¿Cómo oramos por otros, para que nuestra oración sea tan fuerte y poderosa como cuando lo hacemos por nosotros?»

En la parasha de esta semana Ki tisa תִשָּׂ֞א כִּ֣י  “cuando cuentes” [Ex 30:11-34:35], las palabras con las que Hashem ordena el censo del pueblo de Israel, no significan solo “contar”, sino “elevar la cabeza de una persona”. Y esto es un llamado a entender que Hashem cuenta con nosotros, que lo que decimos y hacemos genera repercusiones y que Él está a la espera de que hagamos nuestra parte para transformar el mundo que nos rodea…y además nos recuerda que no podemos hacerlo solos. El hecho de censar a cada uno con la mitad de un shekel en lugar de un shekel entero nos obliga a necesitar de otros para hacer nuestro trabajo y poder seguir adelante. 

Y una muy buena forma en la que el Eterno cuenta con nosotros, es orar por otros, tal como lo hizo Moshė en esta parasha. Al terminar de mostrarle los elementos del santuario, y la designación de Bezalel y Aholibab para construirlo; Hashem le dice a Moshé que el pueblo se ha corrompido, al caer en idolatría con el becerro de oro y los sentencia al exterminio  “deja que se encienda mi ira y los consumiré, y haré de ti una gran nación”.[Ex 32:7-10). Ante lo cual Moshé intercede “…rezando e implorándole a Dios: “Vuelve de tu ira y reconsidera acerca del mal hacia tu pueblo. Recuerda en aras de Abraham, Isaac e Israel, tus siervos…” [Ex 32:12-13]. Incluso, después de que Moshé mismo baja, destruye al becerro, y mueren tres mil israelitas, nuevamente sube al monte e intercede otra vez “Si no los perdonas, bórrame de Tu libro que has escrito.” [Ex 32:32], y cuando Hashem dice que no irá con el pueblo, sino que enviará a su ángel, nuevamente Moshé intercede “O vas con todos nosotros. o mejor no nos hagas salir de aquí. Si no vienes con nosotros, ¿cómo vamos a saber, tu pueblo y yo, que contamos con tu favor? ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?” [Ex 32:15-16]. Y una vez más luego de revelar su atributos de misericordia, nuevamente Moshé le pide a Hashem  “vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad” [Ex 34:9].

Rashi enseñan que cuando Hashem los sentencia a la destrucción luego del becerro de oro, cuando Di-s usa la expresión “déjame” [Ex 32:10] lo hace para mostrarle a Moshé que, si oraba por el pueblo -aunque no lo merecia- Di-s no los destruiría (Shemot Rabbah 42:9; Berakhot 32a). De hecho, el interceder por otros era una característica de la personalidad de Moshé, que era una muestra de su grandeza. Antes de ser llamado por Hashem en la zarza ardiente, la torá registra tres episodios de su vida en los que Moshe intercede al ver las dificultades de otros: primero cuando vio a un egipcio golpeando a un hebreo [Ex 2:11], luego cuando un judío golpea a otro judío [Ex 2:13] y finalmente cuando ve a unos pastores atacando a unas doncellas en el desierto de Madian [Ex 2:17]. Y son también estos los tres niveles de intercesión –espiritual y en la práctica- a los que les debemos apuntar: los ataques en contra de nuestro pueblo (como la agresión del egipcio al judío), las dificultades al interior de nuestra comunidad (la pelea entre los 2 hebreos) y las pruebas por las que pasan otros que no comparten nuestra fe, pero por quienes debemos orar ya que son creados a imagen y semejanza de Hashem (como las madianitas que defendió Moshe). 

Para muchos de nosotros puede ser difícil orar por nuestras propias peticiones… entonces tener que rezar por las dificultades de otros, por los niños hambrientos en África o incluso por la enfermedad de mi vecino, representa un reto total. Es posible que tengamos buenas intenciones de interceder por otros, pero que muy probablemente no nos involucremos completamente al hacerlo, que no le dediquemos el suficiente tiempo ni esfuerzo… Así que vale la pena en este punto preguntarnos ¿Por qué necesitamos orar? Y ¿Por qué debemos orar por otros?

Lo primero que es clave entender es que somos nosotros quienes necesitamos orar y no es Di-s quien necesita de nuestras oraciones. Nuestros sabios se refieren al mandamiento de la oración como “avodá shebalev”, “el servicio del corazón” (Rambam, Hiljot Tefilá 1:1). Las plegarias son un servicio que exigen mucho trabajo de ti: desconectarse de todas las ocupaciones externas y concentrarte en lo más profundo para entender que Di-s es tu Padre celestial, que te ama y te escucha. Por eso Yeshúa enseña que “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” [Mt 6:6] Así que oramos no solo para conectarnos con Hashem, sino ser transformados por Él en nuestro modo de ser, de ver y de hacer las cosas, para así cumplir el propósito por el cual existimos. 

Pero orar por otros es una tarea mayor aún. Cuando Di-s nos permite enterarnos de un asunto, lo que espera es nuestra intercesión, la cual nos permita crecer espiritualmente a la vez que transformamos la realidad espiritual de aquel por quien estamos orando. Es como si Di-s fuese un entrenador dándole  un desafío a su atleta, en espera de que este crezca, no que desista… Así que cada vez que evadimos interceder por otros lo que estamos es esquivando el reto de parte de Hashem, impidiendo algo que nos hará crecer y que los otros crezcan. 

En esta parashá hay un ejemplo de lo que sucede al no asumir el reto. Cuando Di-s declaró  que su intención era destruir a todo el pueblo [Ex 32:10], esto incluía  a los levitas, aunque Hashem sabía que ellos serían los únicos que responderían al llamado de Moshé de “¿Quién está de parte de Di-s?” [Ex 32:26], ¿Por qué entonces Hashem no tuvo misericordia de ellos? Los sabios enseñan que los levitas fallaron al esperar hasta que Moshé los llamara a defender el honor de Hashem, pues debieron haber tomado sus armas por iniciativa propia e intervenir en cuanto empezó la construcción del becerro de oro. Así como ellos no actuaron oportunamente y por esto iban a ser destruidos, nosotros también podemos destruir los planes de bendición de parte de Hashem cuando no intercedemos oportunamente, o cuando ante un pedido de oración de parte de otros, nos limitamos a responder con un “amen” y no a orar activamente.

Otra característica que aprendemos de Moshé como intercesor, es que él no solo oía, sino que escuchaba ¿Cuál es la diferencia? Oír significa recibir el mensaje y darle un sentido. Mientras que escuchar implica tomarse un tiempo extra para pensar sobre lo que la otra persona está diciendo, para tener una idea clara sobre lo que el otro desea comunicar. 

En esta parasha lo vemos pues, cuando Moshé baja de la montaña, Yeshoshua le dice que hay voces de guerra en el campamento [Ex 32:17] pero Moshé responde “Lo que escucho no son gritos de victoria, ni tampoco lamentos de derrota; más bien, lo que escucho son canciones” [Ex, 32:18]. Sin embargo si vamos al original hebreo encontramos que las palabras que se han traducido como “canciones” son  ק֣וֹל עַנּ֔וֹת  que literalmente traduce kol (voz) de anah que traduce canto o grito (S.6030) pero también debilidad y aflicción (S. 6031), así que la torá nos enseña que Moshe en medio de las canciones escuchó también la aflicción del pueblo…pero ¿a qué aflicción se refiere?

Cuando Moisés “escuchó” los gritos provenientes del pueblo judío fue capaz de entender que el pueblo al no haber visto a su líder por 40 días, se habían sentido abandonados y desconcertados; y  por lo que Moshė reaccionó  de una manera diferente, rompiendo las tablas para que así el compromiso que estaba en ellas no aniquilará por completo al pueblo. Tomarse el tiempo de escuchar y reflexionar en lo que estaba pasando y no hacer un juicio a priori, le permitió a Moshé cambiar el rumbo de la historia. Y tal vez esa es una de las razones por la que nos cuesta interceder, pues oímos los problemas de otros, pero no escuchamos el dolor, el sufrimiento y la tragedia que hay detrás. 

Cuando se nos ordena “ama a tu prójimo como a ti mismo”, esto nos compromete a sentir el dolor del otro como si fuera propio y pasar de “veo cómo te estás sintiendo” a “me duele como te estás sintiendo”. Justo, esto es lo que hace Yeshua por nosotros, al cargar con nuestras cargas, tal como está escrito “¿Quién nos condenará? Mashiaj fue el que murió y volvió a la vida, el que está en el lugar de honor junto a Di-s, intercediendo por nosotros” [Rom 8:38]

Tal vez, la intercesión fue la llave para que Hashem le revelase los Trece Atributos de Misericordia Divinos a Moshe.[Ex 34:6-7] Y esta revelación de su bondad y misericordia desde la eternidad hasta la eternidad, se convierte para nosotros en el mejor antídoto contra inclinarnos ante un becerro de oro ¿Por qué? Porque la razón de la construcción del becerro de oro (o de cualquier otro ídolo) está en la dificultad de relacionarnos con un Ser que no puede ser percibido con nuestros sentidos… Así que el orar y “amar al otro que veo” nos permite descubrir al Di-s que no veo [1 Jn 4:20], entender que Hashem trasciende por encima de nuestras dimensiones y percepciones, creer con el corazón que “Hashem es Di-s, en los Cielos y en la tierra debajo, y que no hay otro” [Dt 4:39]. y lograr una revelación directa de su presencia a través del mesías, pues tal como Yeshua dijo “El Padre me ha confiado todas las cosas. Sólo el Padre conoce al Hijo y sólo el Hijo conoce al Padre, y también aquellos a quienes el Hijo se lo revela” [Mt 11:27].

¡Shavua tov!

Familia Barrios Lara

Somos Deivy Barrios y Natalia Lara, casados desde el 2016, padres de 3 pequeños y comunitarios de Yovel.