No pierdas los estribos, lidera tus emociones

Por: Familia Forero Díaz

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La ira y el enojo en un Líder son emociones naturales que, bien gestionadas pueden impulsar cambios positivos y motivar; pero una mala gestión de las emociones, destruye la confianza y afecta el clima familiar, organizacional, congregacional, etc…  Los líderes eficaces aceptan el enojo y lo canalizan a través de la Inteligencia Emocional, evitando la explosividad, mientras que el Enojo mal manejado puede hacer perder lo más valioso. De aquí, la importancia de la relación entre Inteligencias: Emocional y Espiritual, y cómo éstas dos son paralelas para tener un buen Testimonio, un buen Liderazgo.

La Parashá Shmini o Shemini (en hebreo: שְּׁמִינִי) significa «octavo» y se encuentra en Vaikra 9 a 11 contiene la dramática y conocida historia de Nadav y Avihú, dos de los hijos de Aarón, quienes ofrecieron “fuego extraño ante Di-s”. Esto fue tan inaceptable que ese fuego los consumió en el acto y murieron. Por un lado, el Midrash (Ialkut Shimoni 524) sugiere siete razones por las cuales los hijos de Aarón podrían haber merecido la muerte:

1) Nadav y Avihú estaban impacientes esperando que Moshé y Aarón murieran para poder asumir el liderazgo del pueblo judío.

2) Tomaron decisiones legales judías delante de Moshé, su maestro, lo cual fue una falta de respeto.

3) Entraron al área sagrada estando intoxicados.

4) Entraron al área sagrada sin lavarse primero las manos y los pies.

5) Entraron al área sagrada sin vestir las prendas sacerdotales.

6) No se casaron, ni intentaron tener hijos.

Aunque estas razones parecen no estar relacionadas, podemos sugerir que todas derivan de una misma falla fundamental. Nadav y Avihú eran grandes personas y eran conscientes de su elevado nivel espiritual. Sin embargo, sentían que ya habían alcanzado la cima de su desarrollo, y por lo tanto no necesitaban seguir creciendo ni mejorando. El siguiente error fue la raíz de todas las posibles razones de su muerte:

7) La ira y el enojo que sentían por no haber sido nombrados líderes del pueblo judío. Sintieron enojo por no reemplazar a Moshé y a Aarón a pesar de haber alcanzado la perfección y el máximo conocimiento de la Torá y la pureza total según ellos (no ser sabios en su propia opinión / Proverbios 3:7). Pues en la mayoría de las ocasiones la ira y enojo te hacen perder lo más valioso, tu reputación y tu buen nombre… Por otro lado, en Vaikra 10:16-20 “Moshé preguntó por el macho cabrío del sacrificio expiatorio, pues he aquí que se había quemado y se enojó con Elazar e Itamar, los hijos que le quedaban a Aarón, diciendo: ¿Por qué no comieron el sacrificio expiatorio en un lugar sagrado…? Debiste haberla comido en un lugar santo, tal como te ordené. Aarón le dijo a Moshé: “…Ahora que me acontecieron tales cosas [que murieron mis hijos y no han sido enterrados], ¿debo yo comer del sacrificio expiatorio en este día? ¿Di-s lo aprobaría?”. Moshé oyó y fue bueno antes sus ojos”.

Sobre este versículo comenta el Midrash1: “Dice Rav Huna: En tres ocasiones Moshé se enojó y en cada una de esas ocasiones se le olvidó una halajá… una de ellas fue que Moshé olvidó que una persona que está en estado de aninut – luto o duelo (una persona que sufrió la pérdida de un familiar cercano por el cual debe estar en luto, pero que aún no empieza el luto porque ese familiar aún no ha sido enterrado) tiene prohibido comer de un sacrificio jatat… Moshé reconoció su error y anunció públicamente ante todo el campamento que se había equivocado: “Me equivoqué en la halajá y vino mi hermano Aarón y me corrigió”. En este caso Moshé, es un líder que reconoce su error (sus emociones) y con humildad e inteligencia espiritual, se excusa ante sus seguidores.

Como podemos ver, tanto Moshé como Nadav y Avihu se enojaron, se enfurecieron y sintieron ira. Cuando alguien se enoja o se enfurece, pierde la razón y también su alma es reemplazada por un ente espiritual ajeno a él. Toda persona que se ha enfurecido enormemente lo ha experimentado: “su corazón ya no está con él”, es como si se transformara en otra persona, pues ahora hay algo de su parte espiritual que desapareció y es sustituida por otra energía espiritual que no es de él, es por ello que debemos tener mucho cuidado de enojarnos o de perder el control por la ira y el mal genio.  El enojo provoca errores y a la vez, su raíz son los errores. Cuando nos enojamos, tendemos a hablar o a actuar de una forma que más tarde lamentamos. Los errores provocados por el enojo e ira, destruyen empresas, destruyen carreras, dañan las relaciones y devastan familias y comunidades. El enojo y la ira descontrolada en un líder empresarial, actúa como un factor tóxico que destruye el clima laboral, provocando alta rotación de personal, baja productividad y daños graves a la reputación de la empresa. Estas emociones generan una respuesta emocional intensa, repentina y desproporcionada ante una amenaza percibida, impidiendo una toma de decisiones sabias y estratégicas, a la vez que deterioran la salud física, mental y espiritual del líder.  

El enojo y la ira en un Líder empresario (aplica para todo liderazgo, bien sea familiar, ministerial u organizacional), producen una serie de consecuencias, destacando las siguientes: Ausentismo, Pérdida de talento humano, Alta Rotación de personal, Ambiente de temor, Desmotivación y falta de compromiso, Cultura de culpa, Daño Reputacional, Freno al Crecimiento y Desarrollo de la empresa (familia u organización), Disminución de la capacidad de razonar, Aumento de Decisiones, Impulsivas y poco estratégicas, Problemas Físicos como el aumento de la presión arterial, el riesgo de enfermedades cardíacas, problemas digestivos,  Agotamiento Físico o Burnout  e Incremento del Estrés; todo en contra de lo que conocemos como políticas de Sostenibilidad Social y Ambiental.  Para mitigar estos efectos, es fundamental para el Líder Mesiánico desarrollar las Inteligencias Emocional y Espiritual, habilidad que permite a los directivos regular sus impulsos y transformar entornos tensos en colaborativos, participativos y trascender espiritualmente con su propósito.

El enojo y la ira en un líder empresarial no solo afectarán su bienestar personal, sino que desencadenan reacciones en cadena que puede comprometer la viabilidad de la organización. Según diversos análisis sobre liderazgo y gestión emocional, una mala gestión desencadena las consecuencias que ya se mencionaron. Los colaboradores renunciarán a «malos jefes» antes que a las empresas. Un líder iracundo genera ambiente tóxico que impulsa a los colaboradores a buscar otras oportunidades.

El enojo y la ira descontrolada en líderes (familiares, empresariales, ministeriales, etc.) son destructivos, ya que erosionan la confianza, frenan la innovación, paralizan equipos por miedo y dañan prestigio y reputación. Un líder reactivo arruina relaciones, negociaciones y aleja talento, mientras que la gestión emocional, con sabiduría e inteligencia espiritual según Colosenses 1:9 (revelación de la Torá, relación con HaShem y cumpliendo los Mitzvot) transforma la ira en calma y cada decisión en ideas estratégicas, guiadas por la Ruaj Ha Kodesh.

Como conclusión referente al manejo de emociones, el enojo y la ira en un líder empresarial son emociones potentes que, mal gestionadas, pueden destruir ambientes, relaciones, y decisiones asertivas; pero que bajo un control estricto pueden servir como catalizadores de cambios (Efesios 4: 26-32 “si se enojan no pequen, no permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol, ni den cabida al diablo…”). Podemos afirmar que la gestión adecuada del enojo en líderes (familiares, empresariales, ministeriales, etc.), implica reconocer la emoción sin reprimirla, canalizándola constructivamente para evitar decisiones impulsivas que afecten a corto, mediano o largo plazo. La inteligencia emocional en equilibrio con la Inteligencia Espiritual, permiten transformar la ira en asertividad, manteniendo la seguridad psicológica del equipo (colaboradores y/o familia) y fortaleciendo la credibilidad del líder.   Un líder sin control de sus emociones debilita su capacidad de mando y daña la seguridad psicológica de su entorno. Las emociones son parte inherente del ser humano, y el Eterno nos ha dado el libre albedrío para saber gestionarlas, canalizarlas, liderarlas para cumplir propósitos Eternos.

Moshé batalló con ellas, pero siempre en unidad con el Altísimo, se dejó guiar en humildad. Nadav y Avihú, segados por su ego, solo querían un liderazgo facilista, de inmediatez y sin propósitos divinos. Pero el mejor ejemplo es nuestro Mesías Yeshúa quien vivió una gama completa de emociones humanas entre estas: tristeza, enojo, compasión y angustia, sin pecar ni dejarse dominar por ellas. Su manejo emocional se basaba en la sumisión de su alma/nefesh/ruaj/neshamá/jaiá/Ijidá (emociones, voluntad, mente, espíritu, conciencia superior, unidad con el Eterno) sujeto a la voluntad del Padre; priorizando la verdad divina sobre la reacción emocional inmediata. El modelo de Yeshúa nos demuestra que el espíritu, conectado con el Eterno, debe gobernar la mente y las emociones. Yeshúa aplicó la Palabra y la Oración: enfrentó tentaciones y emociones fuertes citando la verdad bíblica, enseñando que conocer y vivir la Palabra es clave para resistir la tentación emocional. Él tuvo enfoque en lo eterno: Su mirada estaba puesta en el propósito del Padre, el «gozo puesto delante de Él»; lo que le permitió superar la aflicción extrema; siempre enmarcado en el Amor y la Compasión en lugar del egoísmo, estuvo el bien común por encima del bien propio (Juan 3:16). No pierdas los estribos, lidera tus emociones, como Yeshúa lo hizo.

Shavua Tov!

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LuisGabriel Forero & Stella Díaz de Forero

Ingeniero Industrial y Terapeuta del Lenguaje y la Comunicación, Empresarios, Executive Master Coachs, Conferencistas.Su propósito: Transformar vidas desde su empresa de Consultoría Gerencial en Liderazgo, SoftSkills y Habilidades Directivas; todo fundamentado en valores. Son Cabeza del Ministerio de Empresarios & Emprendedores Yovel