LOS 7 PASTORES DE ISRAEL
Por: Carolina Aguirre
¿Quiénes son y cuál es su relación con Sucot y con el mandato de alegrarnos en esta fiesta?
Nos alistamos y entramos al maravilloso tiempo de la fiesta de Sucot. Uno de los mandatos principales para esta fiesta es el de realizar cabañas temporales para recordar entre otras cosas la fragilidad y temporalidad de nuestros cuerpos, así como el cuidado y protección del Eterno mientras peregrinamos por esta tierra.
La fiesta de Sucot cae entre los meses de septiembre y octubre, un tiempo en el que Israel cuenta con un clima sumamente agradable pues ya ha pasado el calor abrumador del verano y ahora goza de días y noches cálidos. El ambiente que se siente es muy relajado y realmente invita a estar afuera, ya sea dando un corto paseo o disfrutando de una charla alrededor de una comida o una bebida al aire libre.
Una Sucá es el nombre de la cabaña que se construye en esta época según el mandato divino, y el plural de Sucá en hebreo es Sucot. En esta época en Israel puedes ver por doquier Sucot muy originales, en casas, apartamentos, balcones, restaurantes y establecimientos públicos. Un despliegue de sencillez y mucha creatividad.
Uno de los mandatos de la fiesta es el de sentarse o habitar dentro de los Sucot. Lev. 23:42. Realmente no es algo complicado si se tiene en cuenta que el clima es perfecto, al contrario, parece un juego divertido de niños. Las familias no solo duermen y comen en Sucot, sino que hay un elemento adicional de la tradición que es muy interesante y que ha perdurado en el tiempo y es el de los Ushpizin.
Los Ushpizin, palabra aramea que significa invitados, se refiere a siete huéspedes absolutamente misteriosos y de otro mundo que vienen a visitar cada noche la Sucá. Los invitados son Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Aarón, José y David quienes además representan uno de los atributos divinos o Sefirot.

Adicional a esto, estos siete invitados místicos que visitan cada una de los Sucot son conocidos también en la tradición como “los siete pastores” de Israel.
En el libro de Miqueas 5:5 se mencionan “siete pastores” quienes son mencionados cumpliendo un papel muy importante en un momento crucial para el destino de Israel: “Cuando el asirio viniere a nuestra tierra, y cuando hollare nuestros palacios, entonces levantaremos contra él siete pastores.”
Este capítulo de Miqueas es visto como una profecía de “doble cumplimiento”, que hablaba del futuro cercano en los propios días de Miqueas, pero que también podía referirse a un tiempo futuro en el fin de los días. Así lo leyó, por ejemplo, el Rabino Shimon bar Yochai, y vio que “Asiria” aquí se refería secretamente a Persia (Irán) en el fin de los días, que invadirá Israel en la guerra apocalíptica final (Eijá Rabah 1:41).
A los “siete pastores” se les llama así porque, simbólicamente, «pastorearon» o guiaron al pueblo de Israel en momentos cruciales de su historia. El concepto de un «pastor» que cuida a su rebaño es una metáfora recurrente en la Biblia para describir a los líderes justos que guían a su pueblo bajo la dirección divina.
Aunque en español la palabra pastor se refiere a la persona que cuida animales de pastoreo, es decir animales que comen pasto, la palabra pastor es asociada generalmente al cuidador de ovejas, aunque también se usa para aquella persona que mantiene cabras. Pero hagamos ahora un ejercicio de comparación de las características de estos dos animales.
La cabra es un animal más resistente a las enfermedades, tienen mayor posibilidad de escapar de los depredadores ya que son ágiles y trepadoras, pueden adaptarse mejor a vivir en diferentes entornos porque su alimentación es más versátil, ya que además de pasto pueden comer hojas, arbustos y vegetación más alta. Las cabras son más independientes, son más curiosas y tienden a ser más difíciles de manejar ya que a menudo se escapan o trepan sobre cercas, así que por sus características, las cabras son animales que pueden vivir sin la intervención humana.
No así las ovejas, animales que son más vulnerables a enfermedades y tienen poca capacidad de defensa contra depredadores. Requieren de buena calidad de forraje o alimento para evitar enfermedades. Las ovejas son sensibles al frio y a la humedad. Su lana crece indefinidamente y requieren la intervención humana para ser esquiladas anualmente. La falta de mantenimiento puede llevarlas a problemas graves como el sobrecalentamiento, infestaciones de parásitos y enfermedades infecciosas.
A pesar de que la lana proporciona aislamiento contra el frío, la combinación de frío y humedad puede ser peligrosa para las ovejas. Estas condiciones pueden llevarlas a la hipotermia y aumentar el riesgo de infecciones respiratorias, como la neumonía. Además, la exposición prolongada a la humedad puede provocar irritación e infecciones de la piel, incluyendo dermatitis por humedad.
También puede favorecer el desarrollo de una condición dolorosa conocida como «pie podrido», que ocurre cuando la piel de los cascos se ablanda debido al barro y al terreno húmedo, facilitando la infección por bacterias. Por lo tanto, las ovejas son animales dependientes del cuidado humano y se hace fundamental que los pastores les proporcionen refugios secos y áreas bien drenadas para minimizar la exposición y reducir el riesgo de estas enfermedades y condiciones.
Si con estos hechos ahora pensamos y nos trasladamos al relato bíblico que se encuentra en el libro de Lucas 2:8 que dice: “En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar su rebaño.” Entenderemos que la época del año en que cuidaban su rebaño era una época seca y no de lluvias. Es bien conocido que las épocas de lluvias en Israel van desde el mes de noviembre hasta el mes de marzo.
Erróneamente, se ha hecho creer a las personas que el relato de este versículo sucedió un 25 de diciembre, lo cual a la luz de las Escrituras y de los hechos queda sin fundamentos. Todo esto nos lleva a reformular el acontecimiento que partió la historia de la humanidad en dos y que es el nacimiento de Yeshua.
Si Yeshua no nació un 25 de diciembre ¿de dónde provino esta idea? ¿Tiene acaso que ver con el solsticio de invierno? La palabra “solsticio” proviene del latín “solstitium” conformado por dos palabras: “sol” sol y “sistere” estático, es decir sol quieto.
Quienes hemos investigado los orígenes de la asignación del 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Yeshua, reconocemos que el solsticio de invierno y las festividades paganas que se realizaban para celebrar el nacimiento del sol fueron la base de la fecha y se usaron como excusa para continuar practicando rituales paganos, pero justificándolos al disfrazarlos con toques religiosos.
Sin embargo, es interesante encontrar que aún las festividades del solsticio de invierno originales no surgieron de un contexto pagano, sino que con el tiempo y como ha sucedido vez tras vez a través de la historia, lo original se mezcló con tintes y prácticas paganas para generar una distorsión del sentido real y sincero que tuvieron las cosas.
El Talmud menciona que Adán, el primer ser humano, en su primer año de vida sobre la tierra, al no tener conocimiento sobre los cambios estacionales cíclicos tuvo gran temor cuando llegó el invierno y los días se hacían cada vez más cortos y las noches más largas.
Cito el pasaje del Talmud en Avodah Zarah 8a:7, ya que considero que es muy interesante conocerlo:
“Cuando Adán, el primer hombre, vio que el día iba disminuyendo progresivamente, a medida que los días se hacían más cortos desde el equinoccio de otoño hasta el solsticio de invierno, aún no sabía que se trataba de un fenómeno normal, y por eso dijo: ¡Ay de mí! Quizá porque he pecado, el mundo se está oscureciendo a mi alrededor y finalmente volverá al estado primigenio de caos y desorden. Y ésta es la muerte que me fue sentenciada desde el Cielo, como está escrito: «Y al polvo volverás» (Génesis 3:19).
Una vez que vio que la estación de Tevet, es decir, el solsticio de invierno, había llegado, y vio que el día se alargaba progresivamente después del solsticio, dijo: Claramente, los días se acortan y luego se alargan, y este es el orden del mundo. Fue y observó una fiesta durante ocho días. Al año siguiente, observó tanto estos ocho días en los que había ayunado el año anterior, como estos ocho días de su celebración, como días de festividades. Él, Adán, estableció estas fiestas por el bien del Cielo, pero ellos, los gentiles de las generaciones posteriores, las establecieron por el bien de la adoración de ídolos.”
Si la anterior ilustración es real, tendríamos un ejemplo más de cómo los conceptos originales son distorsionados y corrompidos por los paganos para desviar de lo real, lo sincero y lo verdadero a personas que a su vez tampoco muestran interés por investigar el origen de las cosas, sino que bien se conforman en seguir las costumbres y las tradiciones del colectivo al que pertenecen.
Volviendo al tema de época del año en la cual nació Yeshua, la Biblia proporciona varias claves para hacer los cálculos, las cuales incluyen la época de la concepción sobrenatural de Juan el Bautista, la relación en tiempo entre esta concepción con la de Yeshua y el cronograma en el que los sacerdotes oficiaban en el templo según la clase sacerdotal a la que pertenecieran.
En 1 Crónicas 24 se mencionan los 24 turnos sacerdotales. El turno de Zacarías, el padre de Juan Bautista, quien pertenecía a la clase de Abias, era el octavo y como cosa curiosa el turno número nueve le correspondía a la clase de Yeshua, el nombre de otra clase sacerdotal dentro de esta lista de 24 clases sacerdotales. (Versículos 10 y 11 de 1 Crónicas 24).
Cada clase sacerdotal debía oficiar dos semanas al año y en época de altas fiestas todas las clases tenían el deber de oficiar al tiempo, aparte del momento de sus turnos establecidos. También de acuerdo con el Talmud de Babilonia, tratado Sucá 56:2, los turnos sacerdotales cambiaban todos los sábados al mediodía.
Obviamente, hacer las cuentas del nacimiento de Yeshua teniendo en cuenta los turnos sacerdotales no es tan fácil como muchos lo hacen ver, más si se tiene en cuenta que el servicio sacerdotal no era de dos semanas seguidas en el año, sino de una semana cada seis meses aproximadamente, añadiendo a esos dos turnos los otros tres turnos de las fiestas en donde todos los sacerdotes sin importar su clase sacerdotal debían oficiar. Sin embargo, uno de estos cálculos, combinado con el relato de Lucas 1 nos hace ver que Yeshua nació entre los meses de septiembre y octubre.
Hay dos opciones que prevalecen en cuanto a la fecha del nacimiento de Yeshua, y giran en torno a la fecha de Pesaj, entre los meses de marzo y abril, y la segunda opción, en torno a la fecha de Sucot entre los meses de septiembre y octubre.
Mi posición es la de proponer la fecha de la fiesta de Sucot como la fecha más probable para el nacimiento de Yeshua basándome en la conexión que encuentro entre diferentes versículos de la Biblia con este gran acontecimiento.
En el libro de Juan 1:14, refiriéndose al nacimiento de Yeshua, se dice que el Logos, o la Palabra, “se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre.” La palabra “habitó” en este versículo en griego es: ἐσκήνωσεν (eskenosen) que significa habitar en una tienda, acampar, tener un tabernáculo.
Me parece interesante que uno de los nombres que la fiesta de Sucot recibe es la de Fiesta de los Tabernáculos. Pensar en que Yeshua vino en Sucot para acampar, o habitar en un tabernáculo entre nosotros es muy emocionante. Me parece muy interesante encontrar también la traducción de este pasaje, del griego al español, en la versión La Biblia Textual 3ra edición diciendo: “Y el Logos se hizo carne, y tabernaculizó entre nosotros.”
Otro pasaje muy interesante relacionado con el nacimiento de Yeshua es el de Miqueas 5, que previamente lo vimos como el capítulo en donde se menciona en la Biblia la frase: “siete pastores”. Este capítulo contiene no solo el tema de los “siete pastores”, que por la tradición judía son considerados también ser los mismos Ushpizin de Sucot, sino que además es el capítulo donde está registrada la profecía del nacimiento de Yeshua en Belén de Efrata.
Si lo analizamos, en este capítulo hay una conexión muy interesante de varios conceptos: Los siete pastores de Israel, los Ushpizin, la fiesta de Sucot, Belén de Efrata, y el nacimiento del Señor de Israel, que no es nada menos que el nacimiento de Yeshua el Mashiaj.
Resumiendo todo lo anterior podríamos tener una escena maravillosa que con un poco de imaginación se podría ver así:
“El emperador César Augusto deseaba realizar un censo de la población judía en su imperio y llamó a sus consejeros para determinar la mejor época del año para llevar a cabo esta labor tan demandante. Debía buscarse una época del año que fuera benéfica para todos, tanto para los romanos que realizarían el censo, como para los judíos que tendrían que trasladarse de sus lugares de residencia a sus lugares de origen. Pensando en las condiciones climáticas todos llegaron al acuerdo que los romanos que realizarían el censo no deseaban someterse a temperaturas extremas, descartaron así los meses de verano por su calor abrasador, que los dejaría sin fuerzas para realizar tan grande labor, así como los meses de invierno, en donde la lluvia y el frio no eran la opción más inteligente. Las lluvias serían un impedimento para lograr los desplazamientos que se requerían. Obviamente, el mes de diciembre estaba completamente descartado.
¿Qué época del año podría ser la mejor? Definitivamente solo quedaron dos alternativas, la primavera y el otoño. Al no haber consenso entre los consejeros sobre la decisión de realizar el censo durante los meses de marzo y abril, o los meses de septiembre y octubre, un consejero pidió la palabra y apuntó a decir que la mejor época sería entre los meses de septiembre y octubre razonando de la siguiente manera:
“Ya que durante los meses de septiembre los judíos están acabando su ciclo de cosechas, considero que lo más sensato para no afectar la recolección de impuestos y la economía de nuestro imperio es elegir esta temporada.” Y añadió: “Tomemos ventaja de una extraña costumbre que los judíos tienen y que es la de construir cabañas temporales durante esta época. Si el censo se hace en primavera, las estancias no darán abasto para recibir al gran número de personas que se trasladarán. Considero que la construcción que ellos mismos hacen de esas cabañas serán muy valiosas para la logística de nuestro censo.”
Los consejeros se miraron entre sí y votaron unánimemente a favor de elegir la temporada de esta peculiar fiesta judía como la mejor época del año para llevar a cabo con éxito el censo de la población judía en el imperio.
Miriam y Yosef, una pareja de justos judíos que vivían en Nazaret, tuvieron que trasladarse por el mandato del imperio a Belén de Judea, lugar de donde era originario Yosef, ya que él era descendiente por línea directa del rey David.
Emprendieron su marcha, aún muy a pesar de que Miriam estaba muy próxima a dar a luz, ya que debían obedecer el edicto del César. Nunca estuvo en los planes de Miriam ni de Yosef hacer ese viaje. Tener un alumbramiento en el camino podía poner en peligro la vida de Miriam o la del bebé, pero no había alternativa, los romanos cada vez se volvían más hostiles y aprovechaban la más mínima infracción para oprimir y castigar a los judíos, así que encomendaron su viaje al Eterno y emprendieron camino.
Después de un largo y difícil viaje, Miriam y Yosef por fin lograban llegar a Belén justo para celebrar la apertura de la Fiesta, esa noche se celebraría el primer día de Sucot. Estaban felices de haber alcanzado su destino y aunque la fiesta ordenaba quedarse en cabañas, Miriam ya había roto fuente y empezaba a no sentirse bien. Hoy nacería el bebé y necesitaban más que una Sucá para que Miriam pudiera dar a luz.
Yosef, un hombre justo y plenamente consciente no solamente de su responsabilidad hacia Miriam sino hacia el Eterno mismo, ya que el ángel de Elohim le había revelado que el bebé que nacería sería un hombre muy especial, busco toda la tarde una estancia en donde Miriam pudiera dar a luz. Las estancias desafortunadamente estaban llenas de oficiales y soldados romanos que las ocuparían mientras el censo durara. No valieron las súplicas y los ruegos. Yosef fue echado de las estancias no sin antes haber sufrido el rechazo y las burlas de los oficiales romanos con quienes había tratado de interceder.
Yosef regresó a Miriam con un aire de gran frustración y decepción. ¿Cómo podía ser posible que, a pesar de sus súplicas a los hombres y sus plegarias al mismo Creador del Universo, él no hubiera logrado encontrar lugar en ninguna estancia? Yosef se sintió decepcionado de sí mismo y se sintió avergonzado delante del Eterno y pidió perdón. Ante tales circunstancias, lo único que lograron hacer fue aceptar la amable oferta que una familia judía les hizo de una Sucá.
Los rezos del inicio de la fiesta de Sucot se mezclaron con los gritos de una madre dando a luz y los primeros lloros de un bebé que venía a cumplir la obra más esperada de toda la creación, la redención de la humanidad.
Era una noche ciertamente diferente. A pesar de que las cosas no eran como Miriam y Yosef las habían pensado, el parto había salido bien y ahora en sus brazos tenían al gozo de estos padres y al gozo de la Creación.
No muy lejos de allí, en la misma región, estaban unos pastores en el campo aguardando sus rebaños en la vigilia de la noche. Hoy era el primer día de Sucot y ellos también habían hecho ya sus rezos, no en una Sucá, pero si en el aire fresco de la temporada. Esta era una noche clara y despejada. Parecía una noche como ninguna otra. Había algo muy especial que ninguno de ellos podía explicar ni describir.
Comenzaron a ver claramente las estrellas de la noche y a ver las constelaciones que siempre los guiaban, cuando de repente sucedió que un ángel de Adonai se les apareció. La gloria de Adonai los envolvió en su luz y se llenaron de temor. Los pastores estaban absortos y llenos de miedo ante tal evento, no sabían si soñaban o si era cierto lo que sus ojos veían, entonces el ángel en frente de ellos les dijo:
«No tengan miedo. Miren que traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy ha nacido en la Ciudad de David, en Belén Efrata, Yeshua, el Salvador, quien es el Mesías, el Adon. Esto les servirá de señal: Encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre».
De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían:
כָּבוֹד בַּמְּרוֹמִים לֵאלֹהִים וּבָאָרֶץ שָׁלוֹם בְּאַנְשֵׁי רְצוֹנוֹ
“Cavod ba meromin le Elohim u va aretz shalom be anshei retzonó”
“Gloria en las alturas a Elohim y en la tierra paz a los hombres con quien Él tiene buena voluntad”
Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: «Vamos a Belén, a ver esto que ha pasado y que el Adonai nos ha dado a conocer» Así que se fueron de prisa y encontraron a Miriam, a Yosef y al niño.
Miriam y Yosef no podían creer que, en su Sucá, esa primera noche de Sucot, contarían con la presencia de invitados, eran en total siete Ushpizin. Siete pastores que habían venido a visitarlos.
¿Quizás pudiera tratarse de los “siete pastores de Israel”?
No lo sabemos, pero del primer invitado de la fiesta de Sucot que es Abraham, Yeshua más adelante en su vida ministerial dijo:
«Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Yeshua les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy. Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Yeshua se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.”
Solo quiero terminar deseándote un feliz Sucot y una feliz natividad. Que Yeshua nazca en el corazón de tu Sucá y acampe siempre contigo hasta que esta Sucá temporal deba ser reemplazada por una eterna. ¡Shalom!
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