Ledorvador: Cuando el amor se hace difícil, Di-s nos enseña el camino de la restauración
Por: Martha Henao
¿Cómo puedo hacer para que mi esposo vuelva a aceptar a mi hijo y lo ame como a los demás?
En mi casa todos somos creyentes. Pero mi hijo mayor adolescente, es de mi anterior esposo. Está con él desde muy pequeño y lo aceptaba como hijo y él le decía papá. Pero desde hace varios años su relación se ha vuelto muy difícil. Mi esposo estudia Torá y mi hijo es muy respetuoso, pero siento que mi esposo no termina de aceptar a mi hijo y vive haciéndole reclamos.
¿Cómo puedo hacer para que mi esposo vuelva a aceptar a mi hijo y lo ame como a los demás?
– Mamá angustiada
Querida “mamá angustiada”, no he vivido esa experiencia, pero recuerdo el caso de unos conocidos cercanos. Llamémoslos Margarita y Antonio (nombres ficticios) para proteger su identidad.
Al principio, Antonio empezó a estudiar más la Torá porque tenía deseos de conocer más de Di-s. Pero con el tiempo, también se volvió muy estricto con Valentina, la hija de Margarita. Empezó a «aplicarle la ley», por así decirlo, y se podría decir que se estaba volviendo legalista. En lugar del cariño y la paciencia de antes, empezó a verla con otros ojos, y eso les estaba haciendo la vida difícil en casa.
“Si Adonai no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican” [Sal. 127:1]
Siento que algo parecido le puede estar pasando a la querida mamá que hoy, por medio del espacio de LedorVador, está pidiendo una respuesta y buscando ayuda. ¡Y gracias a Di-s por eso! Gracias por tu valentía al pedir ayuda. Dar el primer paso ya es un acto de amor. Pareciera que tu esposo está atorado entre el deseo de hacer lo correcto según la Palabra, y el reto tan grande de amar y educar a un hijo que no comparte su misma sangre, pero que por designios divinos llegó a su vida.
Me pregunto también en qué momento se quebró esa relación, porque lo que nos relata nuestra lectora es que no siempre fue así. Él ha estado con el chico desde pequeño y seguramente hubo juegos,risas y confianza. Sin embargo, sabemos que la adolescencia trae retos nuevos. A veces se nos olvida amar con paciencia, el miedo a «hacerlo mal» vuelve duro al adulto y, sin darnos cuenta, pasamos de corregir a herir. Eso no justifica el trato, pero sí nos ayuda a entender que ambos necesitan sanar y volver a construir puentes.
El rol de la madre como puente de amor
Déjame contarte algo más sobre el caso de Margarita para darte esperanza. Yo vi de cerca su proceso y entendí algo clave: la mamá tiene mucho que ver para que la relación se dé, sane, restaure y crezca. Ella es una especie de puente. Al hijo hay que hablarle bien del papá, y al papá hay que hablarle bien del hijo, moviendo los sentimientos a favor. Se deben contar y recordar anécdotas: si está triste, si está alegre, si le fue bien o si tuvo inconvenientes. Margarita se la pasaba hablándoles a cada uno para tratar de que ambos supieran más del otro.
Margarita entendió que ella era el puente, entendió que “la mujer sabia edifica su casa” [Prov. 14:1], pero también se dió cuenta de que el edificar su casa es algo que no podía o debía imponer; notó que sola no podía y que, para conseguir la paz en su hogar, debía trabajar en familia. Así que hizo tres cosas que marcaron la diferencia:
1. Oró por los dos: Cada mañana, Margarita apartaba un tiempo. Oraba por Antonio para que Adonai le diera paciencia y sabiduría, y también oraba por Valentina para que su corazón siguiera siendo cariñoso. No oraba «para que cambien», oraba «para que Di-s los una». Recordó que “Di-s hace habitar en familia a los desamparados” [Sal. 68:6], y ella así lo creyó.
2. Creó espacios para que se conocieran sin presión: Margarita no forzaba un «sé su papá». Inventaba actividades donde Antonio y Valentina pudieran estar juntos sin que se sintiera como una obligación: los domingos hacía arepas y los ponía a los dos a amasar, o en las noches los sentaba a ambos a armar un rompecabezas mientras ella servía el café. Poco a poco, entre risas y tareas, Antonio dejó de ser «el esposo de mamá» y empezó a ser «Antonio».
3. Celebró cada pasito: Cuando Antonio le ayudó con una tarea a Valentina, Margarita lo agradeció delante de ella. Cuando Valentina le contó un chiste a Antonio, Margarita lo repitió en la cena. No juzgaba los errores, solo regaba la semilla. ¿Sabes qué pasó? Ahora son los mejores amigos. Valentina le consulta cada cosa a Antonio y Antonio la aconseja. Claro está que Valentina siempre fue cariñosa, pero Dios usó la constancia de su mamá para unirlos.
Pasos prácticos para que el amor vuelva a florecer
Querida mamá, si tu esposo y tu hijo adolescente antes se reían y ahora solo hay tensión… no todo está perdido. Di-s restaura lo que se quebró. Aquí te sugerimos una ruta para empezar a trabajar:
1. Ora y confía primero
Lleva la situación a Adonai todos los días. Ora por tu esposo, por tu hijo, y por ti. Pide sabiduría, no para que «cambien», sino para que Di-s los una. Él restaura lo que nosotros no podemos.
2. Háblalo primero con tu esposo, para que actúen como equipo
No para defender a tu hijo ni para atacar a tu esposo, sino para recordar. Puede ser algo así como: «Amor, yo vi cómo te reías con él antes. Yo sé que lo amas. ¿Qué crees que pasó? ¿Cómo podemos volver a ese lugar?». Amós 3:3 nos recuerda que acaso “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?”. Los adolescentes necesitan límites, pero también necesitan sentir que un adulto está de su lado.
3. Pídele a tu esposo que «reconquiste» a tu hijo
No con regalos, sino con presencia. El corazón de un adolescente se abre cuando no lo están corrigiendo. Pídele 15 minutos, dos veces por semana, sin hablar de notas ni de regla, solo para arreglar algo juntos, ir por un helado, busquen algún gusto o interés en común. Que sea tu esposo el que invite. Eso se llama reconectar antes de corregir, tal como Adonai lo hace con nosotros.
4. Ayuda a tu hijo a ver el corazón de su papá
En privado, sin tu esposo presente, cuéntale a tu hijo:«Sabes, él se frustra porque te quiere y no sabe cómo decirl. Mueve los sentimientos a favor y ayúdale a tu hijo a dar un paso hacia él.
5. Busca consejo pastoral y ayuda profesional
Si sientes que definitivamente la situación está muy compleja o los reclamos y palabras ya hicieron mucho daño, no lleves sola esta carga. Hablen juntos con su Pastor o un líder de confianza. Una mirada externa, con temor de Di-s, ayuda muchísimo a dimensionar la situación, a poner límites con amor y a sanar heridas. Asímismo, buscar consejo en un profesional no es falta de fe, es sabiduría. Un teraputa podría brindar herramientas prácticas de comunicación para abordar su proceso particular y lograr que tanto el adolescente como el padre logren un vínculo seguro.
Un mensaje para los esposos
Querido varón: Di-s te llamó a edificar. Tu papel es sumar: el corazón del muchacho se gana con presencia, cuidado, disciplina y mucho amor. Este es el llamado que tenemos “Con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor” [Ef. 4:2]. Además, recuerda que “mejores son dos que uno [Ecl. 4:9], cuando tú y tu esposa están unidos, el muchacho florece.
Perlas que pueden ayudar
Estos libros de sabiduría judía nos dan herramientas prácticas. Los leemos siempre a la luz de Yeshúa, quien es nuestra máxima sabiduría.
1. El Hogar Judío – Rabino Joseph Telushkin.
Sobre Shalom Bait (שלום בית – Paz en el hogar)
- “En una casa, la paz vale más que tener la razón. A veces es mejor ceder hoy, para no romper la relación mañana”.
- “Las palabras construyen o destruyen una casa más rápido que cualquier acción. Elige edificar”.
2. Para Sanar un Corazón Roto – Rabino David Wolpe..
Sobre restauración y segundas oportunidades.
- “Dios no nos pide que arreglemos todo en un día. Nos pide que demos el siguiente paso con fe”.
- “Las familias se restauran ladrillo a ladrillo, con paciencia”.
3. El Jardín de la Sabiduría – Rabino Shalom Arush.
Sobre paz matrimonial y oración.
- “Quien ora por su cónyuge y por sus hijos, ya está edificando su casa. La oración cambia lo que las peleas no pueden”.
- “No intentes cambiar a la persona, pídele a Di-s que te cambie a ti primero para amar mejor».
No estás sola. Seguimos orando por tu casa. Porque cuando el amor se hace difícil, Adonai nos enseña el camino de la restauración.
¡Shavua tov!

