La mejor forma de aprender es enseñar
Por: Familia Forero Díaz
Al enseñar el maestro, no sólo transmite conocimiento, sino que profundiza en su propio entendimiento, identifica vacíos y desarrolla nuevas estrategias, mientras que el discípulo, al construir su propio aprendizaje, se convierte en un agente activo, que también enseña al maestro a través de su proceso de asimilación.
La frase: “La mejor forma de Aprender es Enseñar”, destaca la naturaleza reciproca de la transmisión de conocimientos. Al enseñar el maestro, no sólo transmite conocimiento, sino que profundiza en su propio entendimiento, identifica vacíos y desarrolla nuevas estrategias, mientras que el discípulo, al construir su propio aprendizaje, se convierte en un agente activo, que también enseña al maestro a través de su proceso de asimilación, motivando a otros, donde ambos se benefician y se desarrollan.
La Parashá Bo אֹּב se encuentra en el segundo libro de la Torá, titulado Shemot (Éxodo), del capítulo 10:1 al capítulo 13 versículo 16. “Bo”, significa “ven”, “Ven al Faraon…” La parashá Bo contempla las últimas tres plagas que fueron enviadas sobre Egipto (Mitzrayim): donde una plaga de langostas devora todas las cosechas; luego aparece la plaga de oscuridad total que envuelve a la tierra; y finalmente la última plaga recae sobre todos los primogénitos de Egipto que son eliminados hacia la medianoche del 15 de Nisan.
En esta Parashá, Di-s manda a Moshé a entregar la primer Mitzva o precepto a Israel, la cual consiste en establecer un calendario basado en el ciclo mensual lunar. Luego, los Israelitas son instruidos y enseñados para ofrecer un “Sacrificio” a Di-s: un cordero que debía ser degollado y parte de su sangre debía ser salpicada sobre las jambas y dinteles de las casas de los Israelitas, (como una señal pública) para que el Ángel de la muerte pasara de largo cuando fuera a matar a los primogénitos egipcios. Evento que quedó plasmado en el Shemá, donde nos dice lo que debemos enseñarles a nuestros hijos, en todo momento. Es decir, cuando estemos sentados en el hogar, cuando viajemos por el camino, cuando nos acostemos o cuando nos levantemos, para así prolongar nuestros días y los días de nuestros hijos. De acuerdo a las instrucciones, esta carne asada de la ofrenda (Korban Pesaj) debía ser comida apresuradamente esa misma noche de Pesaj junto con pan ácimo (matzá) y hierbas amargas (maror).
La muerte de los primogénitos finalmente rompe la resistencia del Faraón y deja libre a los Hijos de Israel de su tierra. Debiendo partir de afán, sin dejar tiempo para que sus masas leuden. Antes de partir, piden a los egipcios oro, plata y ropas, dejando a Egipto sin fortuna alguna. Los Israelitas son instruidos a consagrar todos los primogénitos y a celebrar el aniversario del Éxodo de Egipto cada año, deshaciéndose de todo alimento leudado durante siete días, comiendo matzá, contando y enseñando la historia del Éxodo a sus hijos. Finalmente reciben la instrucción de ponerse Tefilín (filacterias) en el brazo y la cabeza, como un recordatorio del Éxodo y su compromiso con el Eterno, el cual también podemos apreciar en el Shemá que realizamos diariamente; porque esto fue transmitido para que hoy nosotros lo entendamos, lo apliquemos y lo enseñemos a otros.
Esta parashá Bo, contempla una serie de Instrucciones que debemos aprender, enseñando a los hijos y a las futuras generaciones. Debemos aprender y enseñar: Rituales, Ordenanzas, Instrucciones, de cómo celebrar las fiestas del Eterno, como refiere Shemot 12:26. “Y sucederá que cuando vuestros hijos os pregunten: «¿Qué significa este rito para vosotros?”. En esta parashá, aparecen cuatro tipos de hijos en relación con pesaj. Este es el primero, este es llamado “malo”, porque no se identifica con sus padres, ni con su pueblo al decir “vosotros”. Debería haber dicho “nosotros”. Los otros tres son los siguientes: El que no sabe preguntar, que no dice nada, Éxodo 13:8. El ignorante, que dice “¿Qué es esto?”, Éxodo 13:14. El sabio, que dice: “¿Qué significan los testimonios, los estatutos y los decretos que Elohim nuestro Di-s nos ha mandado?”, Deuteronomio 6:20. A cada uno de estos cuatro hay que enseñar en la cena de pesaj según la capacidad de cada uno.
Estas son las instrucciones del Eterno que debemos aprender, y como titulamos este artículo, “La mejor forma de aprender, es enseñar”, pues si queremos aprender mejor, debemos convertirnos en unos maestros, enseñando a los demás el cómo hacer las cosas. Pues, aprender enseñando es una estrategia altamente efectiva para mejorar el aprendizaje. Y en nuestra práctica profesional y empresarial, así como en la experiencia como Consultores, Conferencistas, Trainers y en la Docencia Universitaria de Posgrados; la experiencia y las investigaciones demuestran que cuando el aprendiz adopta el rol de maestro, está más motivado, se relaciona y entiende mejor el material o tema que se quiere aprender. Un factor importante, es cuando alguien estudia algo para enseñarlo, profundiza la forma en que experimenta el contenido a aprender, es decir un “aprendizaje activo”, de acuerdo a la Teoría de Edgar Dale (Pirámide de aprendizaje). El pensamiento del que enseña, se vuelve mucho más organizado y crítico, se fomenta el desarrollo de otras habilidades y competencias, como la creatividad, la comunicación, las relaciones y asociaciones entre las ideas, y piensa activamente cuáles son las mejores formas para transmitirlo a los demás. Así las cosas, nos debemos relacionar constante y activamente con la Torá, aprender, vivir, apropiar y aplicar su contenido, para ser unos maestros idóneos, humildes y de testimonio, al ¡transmitir más vida, que conocimientos!
La Parashá Bo, que narra las últimas plagas y el Éxodo de Egipto, se conecta con la afirmación: «la mejor forma de aprender es enseñar» al enfatizar la transmisión de la fe y los milagros de generación en generación, especialmente a través de la instrucción a los hijos, un acto que profundiza la comprensión del maestro, no solo del discípulo, llevando a un aprendizaje experiencial y a una fe más fuerte al relatar las maravillas de Di-s. Veamos algunas conexiones clave en la Parashá Bo: a) Transmisión de la fe: El versículo central (Éxodo 10:2) declara que Di-s trae las plagas para que Israel cuente a sus hijos y nietos cómo Él actuó en Egipto, estableciendo la narrativa fundacional de su fe. b) Enseñar para recordar y creer: El propósito de las plagas no es solo castigar, sino crear una historia poderosa que fortalezca la creencia en Di-s en las futuras generaciones. c) El rol de los padres: La parashá llama a los padres a enseñar estas historias diligentemente a sus hijos en todo momento, no solo como un deber, sino como un medio para internalizar la Torá y los mandamientos.
Analicemos ahora, la Enseñanza como aprendizaje profundo: a) Profundización del conocimiento: Al enseñar a otros, el maestro se ve obligado a ir más allá de lo superficial (el «qué») para entender el «cómo» y el «por qué» de los conceptos, ampliando su propia comprensión. b) Experiencia personal: Enseñar requiere reflexionar, organizar y aplicar el conocimiento, lo cual solidifica el aprendizaje del que enseña, tal como lo sugiere el Pirkei Avot (Ética de los Padres) al decir que quien aprende para enseñar tiene la oportunidad de aprender y enseñar. c) Ciclo de aprendizaje: En la Parashá Bo, Moisés y Aarón no solo actúan, sino que se convierten en los primeros transmisores de la historia de la redención, aprendiendo y enseñando simultáneamente, demostrando el poder transformador de compartir el conocimiento divino.
Volviendo a centrarnos en Parashá Bo, vemos que había llegado el momento en que los hijos de Israel serían liberados de la esclavitud de Egipto. En ese momento, Moshé reunió al pueblo y les transmitió instrucciones muy importantes sobre los rituales que debían efectuar antes de su redención y los rituales que conmemorarían en el futuro ese relevante evento. Para ello, Moshé habló de los niños y la educación. Según las palabras de Rabino Jonathan Sacks, «se les dijo los israelitas que tenían que convertirse en una nación de educadores», o sea una nación de maestros… Retomando los cuatro hijos que preguntan, debemos tener la sabiduría, la humildad y la capacidad, para relacionarnos con diferente tipos de personas (simbolizadas en estos cuatro hijos) para transmitir de acuerdo al público, a la edad, la cultura y el contexto, para ser asertivos y efectivos al comunicar una idea, y eso es una cualidad valiosa de un líder, al momento de impartir una instrucción, una enseñanza, o transmitir un tema.
Si queremos aprender más, debemos centrarnos en saber enseñar y principalmente transmitir a través del ejemplo y del testimonio de vida, y así, desarrollar una sabiduría milenaria; siguiendo el modelo de Yeshua nuestro Mesías, el Maestro; como el Cordero que debía ser preparado por cada familia judía (Éxodo 12:3-13), era simbólicamente una representación del Mashiaj que salva a su pueblo a través de su sacrificio (Korban Pesaj). Él a través de su sacrificio, nos da la mejor instrucción y enseñanza. Él, la Torá viviente, a través de su vida en cada relato de la Brit Hadasha, nos enseña el qué y cómo llevar una vida de santidad, ser y hacer, para luego nosotros enseñar y transmitirlo a otros, solo a través de su ejemplo nos convertirnos en unos verdaderos sabios y maestros.
Deshacernos de la levadura, implica el morir a nuestro orgullo y prepotencia. “Desháganse de la vieja levadura para que sean masa nueva, panes sin levadura, como lo son en realidad. Porque Yeshua el Mesías, nuestro Cordero pascual, ya ha sido sacrificado” (1Corintios 5), esto nos permite ser humildes para enseñar y humildes para reconocer que no sabemos…y estar activos, en constante aprendizaje de la Torá.
Y como dijimos al iniciar, la palabra Bo אֹּב literalmente significa “ven”, lo que nos deja otra enseñanza: si queremos algo, ¡debemos tomar acción, ser proactivos¡, ir, movernos, no estancarnos, ser diligentes en aprender, investigar, indagar, innovar, ser creativos, preguntar para aclarar dudas, buscar los recursos necesarios (como hizo el pueblo hebreo antes salir de Egipto) y enfrentar aún a “faraones” de nuestro tiempo que pueden estar en nuestra mente o en nuestro corazón; en la Certeza que, con la ayuda del Padre Eterno y a través de la Ruaj HaKodesh, seamos maestros (obreros) diligentes aprobados que no tenemos de que avergonzarnos, que usamos bien la Palabra de Verdad, y evitamos profanas y vanas palabrerías… (2 Timoteo 2: 14 -16) Y como cita el Shemá, estar dispuestos a “enseñar y aprender” en todo momento y todo lugar (al levantarnos, al acostarnos, al andar por el camino…)
En resumen, La Enseñanza es una herramienta poderosa para el aprendizaje, y este principio se refleja en la tradición judía de transmitir conocimiento y fe de una generación a otra, como se ve en las lecturas semanales de la Torá y principalmente en ésta Parashá, pues La Parashá Bo ilustra que la enseñanza es un acto de memoria, fe y perpetuación, donde el acto de compartir el conocimiento sobre los actos de Dios resulta en un aprendizaje más profundo y una fe más arraigada para el que enseña y para el que aprende.
Como conclusión, hacemos referencia a unas reflexiones que incluimos en el libro que escribimos de “Liderazgo por Valores” – páginas 10 y 11: “Enseñamos lo que sabemos, pero transmitimos lo que somos”. “Las Palabras mueven, mientras que el Ejemplo y el Testimonio arrastra”, “Que nuestras palabras nunca sean más que nuestras obras. Que nuestras obras siempre hablen por si solas, pues por nuestras obras, nos reconocerán”, como se afirma en Mateo 7:16 “por sus frutos y obras los conocerán” y en Lucas 6:44 donde se afirma: “cada árbol se reconoce por su propio fruto…”, recordando que como líderes somos como árboles plantados a la orilla de un rio, que cuando llega su tiempo da su fruto y sus hojas jamás se marchitan, y todo cuanto hace prospera, (Salmo 1:3). Enseñemos a los demás con nuestro Testimonio de Vida, aprendiendo día a día, pues no hay nadie tan sabio que no pueda aprender algo nuevo, ni hay nadie tan humilde que no nos pueda enseñar algo.
Shavua Tov!
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