Behaalotjá (בְּהַעֲלֹתְךָ) Codornices en el desierto: La codicia y el consumismo

Por: Rocío Delvalle Quevedo

El Señor desató un viento que trajo codornices del mar y las dejó caer sobre el campamento. Las codornices cubrieron los alrededores del campamento, en una superficie de casi un día de camino y a una altura de casi un metro sobre la superficie del suelo. [Bemidbar/Números 11:31]

Las codornices son las protagonistas en el relato que en esta ocasión les presento.  Son aves de varias especies pertenecientes a la familia Phaisanidae, ampliamente distribuidas por Eurasia y África.  Según el diccionario bíblico (Lockward, 1992), muy probablemente la especie a la cual se refiere el texto citado de [Bemidbar/Números 11], corresponda a Coturnix coturnix, y en adelante será la especie a la cual me referiré, y estaré comparando en los siguientes párrafos con el pueblo de Israel al cual fueron enviadas de parte del Altísimo.

Las codornices comunes tienen hábitos predominantemente terrestres, suelen permanecer escondidas entre la hierba y cuando huyen lo hacen a baja altura para volver a esconder en la espesura.  Sin embargo, este comportamiento se da cuando se encuentran por un tiempo en alguna de sus estaciones, pues esta especie es migratoria.  Es decir, que, en determinadas épocas del año, grandes bandadas de machos, hembras y juveniles elevan el vuelo y viajan distancias considerables de un lugar a otro (Wetherbee, 1961).  Una circunstancia parecida a la que se encontraba el pueblo de Israel en el momento de la parashá (porción) Behaalotjá.  Hacía más o menos un año habían salido de Egipto, liberados por la mano poderosa del Altísimo, y habían estado caminando por el desierto dirigidos por la columna de nube en el día y la columna de fuego en la noche.  Hacían algunas paradas en las que instalaban los campamentos, según la orden del Altísimo cuando la nube se posaba.  Pero tan pronto la nube se movía, seguían su recorrido hacia la tierra prometida [Bemidbar/Números 9].

Otro aspecto interesante de las codornices, es que su alimentación está basada básicamente en vegetales e insectos.  Comen principalmente semillas de algunos cereales como el arroz, el trigo y el ajonjolí, así como de otras hierbas propias de los cultivos o pastizales en los que se estacionan.  Sin embargo, su mayor proporción de ingesta de alimentos proviene de los insectos (terrestres, no voladores, de movimientos lentos), es decir, de proteína animal.  De hecho, algunos autores afirman que en años de abundancia de langostas estas aves comen langostas en grandes cantidades (Wetherbee, 1961).  De la misma forma el pueblo de Israel en el momento en que se da el suceso de las codornices relatado en el capítulo 11 de Bemidbar/Números, era alimentado por el ETERNO a través del maná que caía del cielo, el cual, según la descripción de dicho capítulo, podríamos comparar con algunos cereales como el trigo.  Sin embargo, el pueblo que se mezcló con los hijos de Israel cuando salieron de Egipto, comenzó a quejarse y a extrañar las hortalizas (melones, pepinos, cebollas y ajos) que consumían antes en el país del Faraón.  Pero su principal queja y petición, fue que querían comer carne, que querían que la proporción de proteína animal en su dieta aumentara de forma considerable [Bemidbar/Números 11].

Fue en este momento en el que el ETERNO respondió desatando un viento del mar que trajo las codornices que cayeron sobre el campamento [Bemidbar/Números 11:31].  Y es interesante, que existen casos documentados en que las bandadas de codornices no resisten el paso por el mar y mueren (Wetherbee, 1961), tal como sucedió en esta ocasión. Pero hubo un suceso más interesante.  Cuenta el relato que “Ni siquiera habían empezado a masticar la carne que tenían en la boca cuando la ira del Señor se encendió contra el pueblo y los hirió con gran mortandad” [Bemidbar/Números 11:33].  Resulta que, según la ciencia, una de las especies vegetales que pueden ser consumidas por las codornices es la cicuta (Aethusa cynapium), una planta tóxica, pero que a estas aves no les hace daño.  Mas, si una persona come carne de aves que hayan consumido dicho tóxico, puede resultar envenenada (Wetherbee, 1961).

Con esta disertación en realidad no pretendo dar una explicación científica a lo Discovery Chanel de lo que sucedió en el relato de “Las codornices en el desierto”, simplemente siempre me ha parecido interesante encontrar las coincidencias entre lo que la ciencia ha revelado de la creación del Eterno, con respecto a lo que se presenta en los relatos bíblicos. Mas sí tengo toda la intención de poner sobre la mesa algo de lo que cada vez más me convenzo mientras estudio La Escritura, y es que a menudo cuando el ETERNO envía una respuesta (premio o castigo) al ser humano con entes de la naturaleza no humana, éstos suelen ser un reflejo y estar muy afines a la situación o carácter del Ser humano en ese momento, y en este caso el pueblo que estaba en el desierto.

El pueblo que el ETERNO había liberado de Egipto, e iba caminando por el desierto, estaba plenamente sostenido por el Altísimo, lo tenían todo: guía, sombra, luz, alimento provisto desde el cielo mismo sin necesidad de explotar el suelo, ni las plantas, ni los animales. Pero nada de esto fue suficiente para el pueblo glotón, el pueblo codicioso.  A pesar de que lo tenían todo en abundancia según la buena y generosa mano del Altísimo, se quejaron por algo, que quizá no les faltaba, pero cayeron en el error de pensar que necesitaban.  Y si los animales y plantas pueden llegar a ser un reflejo del ser humano en la situación del relato, aún más en esos humanos nos vemos reflejados nosotros en la actualidad, porque como dice en [Eclesiastés 3:15], todo lo que ahora existe ya existía y lo que ha de existir existe ya, el Altísimo hace que la historia se repita.  Esa misma realidad de ingratitud y falta de saciedad la vivimos en nuestro mundo actual.

El modelo económico que dirige en este momento al mundo, el Desarrollo, no propone una satisfacción con el vivir bien, sino un afán de acumulación y de tener, no lo que realmente se necesita, sino lo que no se tiene, “un sobreconsumo como ideal de la producción” (Angel, 2003) que ha depredado al mundo entero y ha devastado la creación del Altísimo. “El modelo de desarrollo actual, lleva en su seno la alimentación continua del consumo.  Se intenta por todas las vías aumentar la tasa en la que consumen los individuos, sea disminuyendo la vida útil de los productos o ampliando los márgenes de las necesidades básicas más allá de los límites de las exigencias biológicas o culturales.  La sobredosis de dieta cárnica en los países desarrollados tiene que ver con esta última estrategia.  La civilización de la hamburguesa corre el peligro de praderizar el mundo, barriendo los últimos reductos de la vida silvestre” (Angel, 2003).

¿Y ante esto nosotros qué? ¿Agachamos y movemos la cabeza, por lo mal que se portaron los israelitas en ese tiempo? ¿O decimos: “Es el mundo en el que me tocó vivir y no me puedo oponer a la corriente que me lleva”? Yo recuerdo que nuestro amado Yeshúa (Jesús) en esa hermosa oración que hace por los discípulos [Juan 17] y en el que explícitamente dice que no ruega sólo por los Shaliajim (discípulos) sino por los que íbamos a creer en Él por la palabra de esos Shaliajim [Juan 17:20], también dice que aunque estemos en el mundo, no somos de este mundo y por tanto no debemos amar al mundo ni a las cosas de este mundo, porque de lo contrario el amor del Padre no está en nosotros [1 Juan 2:15] y lo refuerza Rav Shaul (Pablo) en [Romanos 12:2] al decir que no nos amoldemos al mundo actual, sino que seamos transformados mediante la renovación de nuestras mentes.  Como hijos del Altísimo Todopoderoso, que hemos sido hechos nuevas criaturas por su obra maravillosa, no podemos seguir jugándole el juego a este Sistema.  No podemos seguir llevando una vida consumista, de apariencia y acumulación olvidando por completo al hermano que pasa necesidad y a la tierra y la creación del ETERNO que sufre más allá de sus límites por nuestra codicia (violación a la décima palabra de [Shemot /Éxodo 20]), más que por la real necesidad de cubrir nuestras necesidades básicas que están plenamente resueltas en manos del Altísimo.

Parábolas como las del Joven rico [Mateo 19:16-30], o las enseñanzas de Yohanan HaMadbil/Juan el Bautista (el que tiene dos camisas, debe compartir con el que no tiene ninguna; el que tiene que comer, haga lo mismo; no cobren más de lo que es debido; no extorsionen a nadie ni hagan denuncias falsas, más bien confórmense con lo que les pagan; [Lucas 3:10-14] o afirmaciones como las de Rav Shaul (Sé lo que es vivir en la pobreza, y lo que es vivir en la abundancia. He aprendido a vivir en todas y cada una de las circunstancias, tanto a quedar saciado como a pasar hambre, a tener de sobra como a sufrir escasez;) [Filipenses 4:12], deberían llevarnos a repensarnos el modelo de Desarrollo de un país, en el que cada vez los ricos son más ricos y los pobres son más pobres, por el ansia de acumulación y consumo.  En el que predomina un modelo extractivista que acaba con los suelos, con la tierra de la que el ETERNO nos provee el alimento, a cambio de petróleo, minerales y dinero, que no se comen, sino que solo alimentan la codicia de unos cuantos.  Y a materializar este sentir en acciones de justicia y misericordia concretas y a nuestra mano como dar de comer al hambriento, vestido al desnudo y lugar de habitación al desamparado.

Rocio Delvalle

Soy Bióloga de la Universidad Nacional de Colombia y creyente en el Mesías Yeshúa desde la cuna. El estudio de la Creación del Altísimo ha sido mi pasión, y me deleito en ampliar mi comprensión del texto bíblico desde el conocimiento de las Ciencias Ambientales.