El Arquitecto de nuestras almas

Por Sebastian Molina

“Los israelitas lo hicieron todo tal y como el Señor se lo mandó a Moisés, y le presentaron a Moisés el santuario, la tienda y todos sus utensilios” [Éxodo 39:32]

Hace poco escuche un cuento judío que relata la vida de un rey que construyó un gran castillo.  No obstante, dejó que los acabados (interiores) estuvieran a cargo de dos de sus siervos por mitades iguales. El primero, fue desde un principio diligente; se esforzó por hacerle la mejor decoración pintando sus paredes de hermosos colores, colocando los mejores muebles, y colgando los mejores cuadros.  El otro, dejó pasar el tiempo, y sin tener nada casi al vencimiento del plazo de entrega, acudió a su ingenio y recursividad pintando las paredes de un color que diera el efecto de espejo al momento de recibir la luz del sol, resultado: en esa otra mitad se reflejaría la misma decoración del siervo diligente.

Hay varias formas de interpretar este bello cuento. La más importante tiene que ver con la Parashá «Pekudei», donde al final se tendría que rendir cuentas al rey sobre la obra realizada.  La otra deducción de esta narración es que había una decoración original, y la otra una idéntica copia.

El Mishkan, una obra arquitectónica sagrada ordenada por El Eterno, tenía una copia original (espiritual) en el cielo.  Esto quería decir que la obra hecha en la tierra era solo una ilusión óptica del verdadero valor que tenía este.  No obstante el pueblo de Israel con amor y pasión se comprometió con la obra al punto que llegaría al final una orden de «No traigan más es suficiente».

¿Esto que significado tiene en nuestra vida espiritual?.  Nuestro creador nos envió a este mundo con un «kit» básico: un cuerpo y un alma.  Como por ejemplo, cuando uno recibe un apartamento en obra gris, de ahí en adelante hay que adicionarle los acabados, que al fin y al cabo son los que le dan «vida» a ese lugar que se va habitar.  El Eterno nos dio un cuerpo para ser tratado según los designios divinos, por ejemplo la alimentación.  Por otro lado está el alma, que llegando pura a este mundo, debe ser adornada con el cumplimiento de una serie de instrucciones (frutos) dados por El Eterno.  Si lo comparamos exactamente con el Mishkan, ¿qué sería por ejemplo de este sin la mesa de los panes consagrados, el candelabro, y el altar del incienso? Podemos decir que sería el cuerpo sin estudio de Toráh, sin unción del espíritu, sin plegarias.

El Eterno ha enviado en representación suya al Arquitecto de nuestras almas, Yeshua HaMashiaj, quien quita los viejos y deteriorados acabados y nos entrega un instructivo para colocar los nuevos según la copia celestial y basado en la Toráh.

En conclusión, al final de los tiempos, el Arquitecto volverá para ver que acabados le dimos a nuestras vidas renovadas para así darnos la verdadera recompensa en el mundo venidero.

Shavua Tov!

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Sebastian Molina M.  

 A sus veintitrés años conoce al Señor en un contexto cristiano. Al poco tiempo de conocerlo siente un llamado a las raíces hebreas de la fe y es allí donde llega a la comunidad Yovel a finales del año 2009. Casado con Angie Ramírez en la Kehilat Yovel y con su hijo Eitan, hacen parte de una de las familias que conforman la comunidad. En la actualidad, además de escribir artículos para la revista digital Shavua Tov, sirve en el ministerio de jóvenes, y dicta clases a los chicos de «cerca al mandamiento».