Balak ¿Quién era el terco?

Por Rocío Delvalle Quevedo

El burro o asno, es un mamífero, de la misma familia taxonómica que los caballos. Son animales nobles, fuertes y con capacidad de sufrimiento. Por varias generaciones han sido utilizados como animales de carga. A pesar de no ser un animal kosher, ya que no tiene pezuña hendida ni es un rumiante, era utilizado por los judíos como un símbolo de realeza.

Rav Shaul (Pablo), David, Shlomo (Salomón) y Absalón, entre algunos reyes y sacerdotes de Israel, cabalgaron en burros, pues los caballos eran reservados para la guerra. El mismo Yeshúa (Jesús) en su entrada a Yerushalaim (Jerusalén), antes de ser entregado y sacrificado por nuestros pecados, lo hizo sobre el lomo de un pollino (cría o cachorro) de asno.

Personalmente pienso que  uno de los relatos más graciosos y coloridos que hace alusión a los burros es el de Bilám (Balaam) y su asna, que se encuentra en Números 22. Los asnos son animales solitarios que están acostumbrados a vivir en los márgenes de los desiertos. Curiosamente parece ser que Bilám (Balaam) era también un hombre solitario, tal vez como dice el refrán popular “las cosas se parecen a su dueño”. Según algunos entendidos en el hebreo, con las letras del nombre hebreo bilám (בִּלְעָם) que originalmente no tiene vocales, es posible entender el mismo nombre como “bli – am” osea “sin pueblo”. Se dice que este era uno de los problemas de Bilám(Balaam), que no estaba con el pueblo de Israel y aunque él podía haberlo hecho, prefirió no hacerlo. El Altísimo le había dotado con una capacidad natural para poder recibir y transmitir palabras de profecía, pero él no uso ese don para el bien común sino para sus propios beneficios.

Otro problema que parecía tener Bilám (Balaam), era que su amor por el dinero lo enceguecía espiritualmente. Fue tanto su afán por encontrarse con Balak, que no se percató de la presencia del ángel que estaba al frente, la cual sí fue percibida por su fiel asna. Los burros en general tienen la reputación de ser tercos pero ésta resulta de una mala interpretación del instinto de conservación altamente desarrollado que ellos tienen. Es difícil forzar un burro a hacer algo que vaya en contra de su supervivencia. Además los burros son capaces de detectar la presencia de depredadores con mayor facilidad que el ganado, alertando con rebuznos de la presencia del enemigo. En este caso, el asna, no solo salvó su propia vida al evitar en tres ocasiones continuar su marcha hacia el ángel, sino que salvó la vida de su terco amo, quien solo se dio cuenta de esto, cuando el Altísimo abrió la boca de la burra y los ojos de Bilám (Balaam).

Seamos sabios y aprendamos de este relato, procuremos no ser “llaneros solitarios”, sino que busquemos mantenernos dentro del pueblo de Israel, en el cual fuimos injertados, mediante la sangre de nuestro amado Mesías. Además no seamos obstinados, sino que pidamos al Señor, que nos haga sensibles a su voz y a su instrucción, para que no intentemos pasar por encima de los obstáculos que Él mismo pone en nuestro camino para evitar que vayamos en contra de su voluntad. Porque como dice el Pastor Rubio, el lugar más seguro, es el centro de la voluntad del Eterno.

Shavua Tov!

Soy Bióloga con maestría en Medio Ambiente y Desarrollo de la Universidad Nacional de Colombia. Creyente en el Mesías Yeshúa desde la cuna, miembro activo de la Comunidad Mesiánica Yovel y felizmente casada. El estudio de la Creación del Altísimo ha sido mi pasión, y me deleito en ampliar mi comprensión del texto bíblico desde el conocimiento de las Ciencias Ambientales.