Y hablando de normas sociales: una mirada a la cultura bogotana

Por Angie Ramírez

Siendo la parashá de esta semana referente a los mandamientos de carácter social, nada mejor que adentrarnos en nuestra cotidianidad bogotana, con las filas no respetadas en el transporte público, los empujones en SITP, Transmilenio o buses colectivos, la marcada dificultad para ceder la silla azul o de cualquier tipo de color, los gritos, las peleas, el estrés, las constantes infracciones a los semáforos peatonales y vehiculares; las peleas de taxistas vs todo carro particular con sospecha de ser Uber, los accidentes de tránsito que han aumentado la cantidad de muertos y heridos en la vía. La OMS (organización mundial de la salud) se encuentra alarmada ya que las cifras de mortalidad y morbilidad por accidentes de tránsito han sido muy altas, siendo el factor humano la mayor causa de dichas cifras.

En la Encuesta Bienal de Culturas (implementada entre 2001-2005 por la administración de Mockus), se obtiene como resultado que los bogotanos en su mayoría no rechazan radicalmente las conductas riesgosas, por el contrario un gran porcentaje piensa que el beneficio propio prima sobre el de cumplimiento de las normas de tránsito, aceptando justificaciones para violar la ley como por ejemplo: “yo lo hago porque otros lo han hecho y les ha ido bien”, “porque es lo acostumbrado” y “porque es provechoso económicamente”, convirtiéndose en un hábito vicioso (la función del hábito es secuenciar comportamientos repetidos, generando una predilección habitual que no implique toma de decisiones y refuerce las actitudes perdurables); datos e información que muestran que el control social (la vergüenza), el control moral (la autorregulación) dirigidos por las instituciones informales (cultura, costumbres y hábitos) y el control político regido por las instituciones formales (normas, leyes, planes nacionales) no están siendo eficaces a la hora de controlar y regular las conductas de la sociedad.

Dentro de mi labor diaria se encuentra la revisión de pruebas psicotécnicas y veo un número considerable de puntajes bajos en lo que Freud denominó superego, instancia que se internaliza en la infancia con la ayuda de padres (sobre todo figura paterna) quienes establecen normas y conductos para vivir en sociedad, y continúa con la influencia del entorno social. Al propender las familias monoparentales, la desestructuración familiar y la descomposición social, el superego no logra una consolidación en la persona siendo propicio el ambiente para incurrir en la violación de normas y leyes.

Somos una cultura acostumbrada al «cumplimiento» solo bajo vigilancia, es por ello que el año pasado ningún colombiano se acercó a quejarse por foto-comparendos recibidos, ya que el envío de la foto es la prueba reina de la infracción cometida, más triste es leer en la noticia que hace unas semanas salió en eltiempo.com que se exigía señalizar los lugares en los que se instalaba una foto-cámara, así que, solo ante una foto-cámara, eso sí, «debidamente» señalizada nos detenemos y «respetamos» la norma.

Aunque lamentable, es solo un ejemplo de por qué luego de la santidad en la que se encontraba el pueblo, el Señor inicia la entrega de las normas sociales y de convivencia previendo todo lo que hoy es nuestro diario vivir. En una sociedad por mayoría llena de niños sin padre, madre o ambos, y un entorno social que señala negativamente al que cumple la norma y aplaude al que la viola, el futuro es incierto si no se está cogido de la Mano del Eterno y por supuesto, cumpliendo sus preceptos y estatutos.

REFERENCIAS

http://app.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/proyecto-que-busca-regular-fotomultas-a-dos-debates-de-ser-ley/16812370 

http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2015/road-safety-report/es/

Forero, Mónica; Gómez, Karool; Ramírez, Angie (2011): “Seguridad Vial, normas y comportamiento en Bogotá” UNAD

Shavúa Tov!

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angieramirez Angie Ramírez

A sus catorce años conoce al Señor en un contexto cristiano. Hace 6 años llegó a la comunidad Yovel. Casada con Sebastián Molina en la Kehilat y junto a sus dos hijos, hacen parte de una de las familias que conforman la comunidad. En la actualidad, además de escribir artículos para la revista digital Shavúa Tov, sirve en el Ministerio de Jóvenes. Es mamá y esposa tiempo completo, y psicóloga organizacional en un hospital medio tiempo. Vive agradecida con El Eterno porque a lo largo de su vida le ha mostrado Su Misericordia, Amor y Bondad.