Lej Lejá: Ve por Ti

Por: Natalia Lara

“El Señor le dijo a Abram: «(Lech Lejá) Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré. »Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!»” [Génesis 12: 1-3]

Muchos conocemos la bendición que Adonai (el Señor) le prometió a Abraham: “Haré de ti una nación grande, y te bendeciré; haré famoso tu nombre, y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan; ¡por medio de ti serán bendecidas todas las familias de la tierra!” [Génesis 12: 2-3] Pero ¿cuál fue el precio que Abraham pago por esa bendición? La respuesta está en Génesis 12: 1: “Vete de tu tierra, de tu familia y de la casa paterna a la tierra que te señalaré.”

En la formación de un individuó, estos tres son elementos fundamentales en la construcción de la identidad:

  1. Tierra –país-, familia y hogar. La palabra tierra [אָ֫רֶץ – erets – strong 776] se refiere no solo a la tierra como contraposición del cielo, sino también al país. Un país más allá de los kilómetros cuadrados que lo componen tiene que ver con la gente, la lengua, la cultura y las costumbres.
  2. Familia [מוֹלֶ֫דֶת – moledeth – strong 4138] se refiere también a la parentela, el nacimiento y el linaje. Es en la familia en donde se nos dan raíces para afirmarnos y alas para llegar lejos [Salmos 127:4], es allí donde aprendemos a pelear y reconciliarnos, a amar y perdonar, donde se forman nuestros hábitos y se afianzan nuestros rasgos de carácter.
  3. Finalmente, casa [בָּ֫יִת – bayith – strong 1004] en el Tanaj (Pentateuco) se refiere tanto a la casa que contiene nuestra familia, como a un simil del cuerpo humano [Job 4:19; Eclesiastés 12:3; Salmos 119:54], esto probablemente porque no hay sitio donde mejor podamos mostrar lo que realmente somos como humanos que en nuestro hogar -como comemos, dormimos y pensamos- y estar al desnudo no solo físicamente sino también internamente.

Cuando el Eterno nos dice Lech Lejá (ve por ti), es eso lo que nos está pidiendo: cambiar nuestra tierra –costumbres, lengua y cultura-, nuestra familia –afectos, sueños y hábitos- y nuestro hogar –nuestra intimidad-. Cambiarlo para colocar su esencia que renueva desde lo profundo hasta lo externo, para quitar lo conmovible y dejar lo que realmente permanece. ¿Cómo es posible hacerlo y dejar todo es? … la respuesta es la fe, pues fue por fe Abraham pudo ser justificado [Génesis 15:6; Gálatas 3:6].

Pero si nos impresiona lo que tuvo que dejar Abraham, hubo alguien que hizo algo superior a él: Yeshúa (Jesús). El Mashiaj (Mesías) dejo su tierra [Juan 1:1] su parentela [Lucas 3:23-27] y su casa [Juan 14:2]. Y al igual que Abraham, fue obediente incluso hasta entregar su vida en la cruz [Filipenses 2:8]. Que Elohim (Dios) ponga en nosotros el mismo espíritu y podamos renunciar a lo que somos, confiados en que son planes de bendición y no de maldición los que El Eterno tiene para nosotros. [Jeremias 29:11].

Shavua Tov!

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Por Natalia Lara

 Soy hija de Di-s, recién casada, miembro de la Kehilat Mésianica Yovel, pediatra y por misericordia del Padre Eterno trabajo con los niños de la reclusión de mujeres El Buen Pastor en Bogotá.