EL CORAZÓN INCIRCUNCISO QUE SE HUMILLA

Por: Moshé Hernandez

“…y si en ese momento sus corazones incircuncisos se humillan para que acepten el castigo de su iniquidad, entonces recordaré Mi pacto con Jacob y también Mi pacto con Isaac y Mi pacto con Abraham, y recordaré la tierra” (Levítico 26:41-42, traducido de la TLV).

En esta porción combinada, pero particularmente en la porción de Bejukotai podemos leer por primera vez que hay necesidad de la circuncisión del corazón, y tendemos a pensar que esto está relacionado con el cumplimiento de un mandamiento, y puede que así sea, sin embargo, este versículo nos da una luz adicional sobre lo que significa esta circuncisión.

La Torá enuncia “או־אז יכנע לבבם הערל ואז ירצו את־עונם” (o entonces su incircunciso corazón se humilla a sí mismo, y expiarán por su iniquidad). Aquí vemos que un corazón incircunciso es un corazón que no es humilde, un corazón que no tiene puede en ese momento reconocer que necesita reparar las cosas que ha roto o ha dañado.

El contexto de este versículo es en uno en el que HaShem advierte que cuando no caminamos en Sus estatutos entonces seríamos expulsados de la tierra, pero existe la promesa de que, si en esa situación nuestro corazón se humilla y acepta la consecuencia de su pecado, entonces HaShem recordará Su pacto con los patriarcas y la tierra.

¿Cuál es el objetivo de todo esto? La misma Torá brinda la respuesta: “Pero por causa de ellos, Yo recordaré el pacto de sus antepasados, a quienes saqué de la tierra de Egipto a vista de las naciones, para ser Su Di-s. Yo soy ADONAI” (Lv 26:45).

La Sifrá, el Midrásh halájico de Vaikrá, comenta que “esto fue mencionado con respecto al arrepentimiento. Inmediatamente, Me volveré y les compadeceré, esto es ‘entonces su corazón incircunciso se humillará, y entonces su pecado será expiado”. Esto nos deja ver claramente que la necesidad de que el corazón sea circuncidado es para que sea humilde y pueda arrepentirse de toda iniquidad y pecado que haya cometido junto a sus antepasados con el único propósito de reconocer a HaShem como Su Di-s para poder ingresar a la tierra.

Esto nos deja ver que la circuncisión del corazón no es otra cosa que un acto de humildad y teshuvá (arrepentimiento) donde reconocemos que necesitamos del Eterno para poder recibir expiación y así poder regresar a la tierra que Él no prometió para vivir y poseer, pero el primer paso para ser humildes es la confesión (v. 40), porque el corazón humilde y listo para ser circuncidado es aquel que está dispuesto a reconocer la iniquidad propia y la de los antepasados para así ser consciente de lo que se ha hecho mal para poder rectificarlo, no en vano la Brit Jadashá en esa misma línea dice: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y purificarnos de toda injusticia” (1 Jn 1:9, traducido de la TLV).

En esta analogía que hace Juan, encontramos los dos pasos que menciona la Torá en la porción semanal: “confesión y expiación”, todo por medio de la humildad del corazón dispuesto a ser circuncidado. Incluso, podemos leerla también en otros dos versículos de la Brit Jadashá: “¡Acérquense a Di-s, ustedes pecadores, y purifiquen sus corazones, ustedes de doble ánimo! […] Humíllense ustedes a la vista de ADONAI, y Él los levantará” (Jacob [Stg] 4:8, 10).

Ahora, cada vez que escuchemos que debemos circuncidar nuestro corazón, tengamos en cuenta que es un acto de humildad en el cual debemos confesar nuestros pecados y reconocerlos para así poder recibir expiación de los mismos y poder entrar a la tierra que HaShem nos ha prometido y así disfrutar allí de Sus estatutos junto con el Mesías Yeshua pronto en nuestros días.

¡Shavúa Tov!

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Moshé Hernandez

Psicólogo de la Konrad Lorenz Fundación Universitaria. Gabai de la Comunidad Mesiánica Yovel, maestro del ministerio Yeladim, miembro del ministerio de Danzas. Apasionado por el hebreo y otros idiomas.